“Eran delincuentes”; palabra de gobernador

“Eran delincuentes”; palabra de gobernador

 

Yo no sé para que andan haciendo manifestaciones los familiares de José Raúl Fernández Ortiz, Jesús Juárez, Luis Vargas Piña y Ángel Piña Teodoro, todos ellos abatidos por las balas del ejército en Ixhuatlán del Café, Veracruz. Ya el gobernador Javier Duarte lo dijo, “eran delincuentes” y contra su palabra ni la Santísima Trinidad podría hacer algo. Él señaló: “Tenemos el reporte puntual; ya expresé lo que sucedió y eso es el tema fundamental. Habrá otras voces que digan otras cosas”. Sí habrá otras voces pero la palabra del gobernador en Veracruz, como la del Papa en el Vaticano, es infalible.

No importaría que la realidad lo contradijera como lo hiciera con los muertos arrojados frente al World Trade Center Veracruz, quienes casualmente, también fueron calificados, a priori, de delincuentes. En aquella ocasión bastaron unas cuantas horas para que se investigara a las decenas de muertos y así poder llegar a la conclusión de que todos ellos eran malandros. En esta ocasión, le bastaron menos de 5 días al gobernador para señalar que no había duda, todos eran delincuentes.

Pero familiares y amigos no están de acuerdo. Ellos señalan que los hombres abatidos era gente trabajadora que había ido a la ciudad de Córdoba a buscar refacciones y que desafortunadamente se encontraron con el ejército, quien disparó primero y luego “veriguó”. Ellos lo afirman porque convivían con ellos, porque los conocían, se sentaban en sus mesas y se daban los buenos días por la mañana.

Esos familiares y amigos han realizado ya varias manifestaciones y recientemente han llevado a cabo bloqueos porque se sienten en su derecho de ser escuchados, sienten que deben decir su verdad; sienten que la palabra del gobernador Duarte no es infalible. Y no porque sea la del gobernador, sino porque saben que a él le dictaron esas frases infames, que salieron de personas encubridoras, encargadas de la (In)Comunicación Social del Gobierno del Estado, instancia que nuevamente pone en aprietos a un joven gobernante que sigue tropezando con la misma piedra.

¿Qué le hubiera costado al señor Duarte declarar que se realizarían las investigaciones necesarias hasta dar con la verdad? ¿Qué le hubiera costado apegarse a la constitucional presunción de inocencia? O qué, ¿en Veracruz todos somos culpables hasta que se demuestre lo contrario?

Pero les urgía quedar bien con el Ejército y como él sólo escucha los obtusos consejos de sus cercanos, no meditó ni calculó que probablemente, los abatidos, podrían ser inocentes.

Ahora ya anda, nuevamente, en boca de todos los defensores de los derechos humanos y al parecer los familiares seguirán buscando justicia; sí, justicia, esa que el mismo gobernador Duarte, en su toma de posesión, se obligó a respaldar; sí “la justicia eficaz y de calidad” que según sus palabras dichas frente al Magistrado Alberto Sosa en el Tribunal Superior de Justicia en el Estado, “es un activo intangible de Veracruz”.

Lo menos que puede hacer ahora sería respetar el clamor de los familiares, la memoria de los caídos; porque pedir disculpas, eso no está en el vocabulario de un gobernador. Un estadista tal vez lo podría hacer, pero eso es mucho pedir en Veracruz.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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