“Déjate lo joven, soy priista”

“Déjate lo joven, soy priista”

 

Son altos, son bajos, de pelo corto bien peinado, de sonrisa fácil y gestos escondidos. Ellas son dinámicas, delgadas, guapas, llenas de vida y de ilusiones. Ellos se ven estupendos en sus pantalones Levi’s, en sus pantalones Versace, en sus playeras de Armani, en sus Chemise Lacoste de imitación. Algunos visten chaquetas de Ungaro, de Gucci, zapatos de Bass, de Salvatore Ferragamo. Huelen a CK One, a Nautica, los más conservadores a Eternity. Ellas se reúnen los fines de semana en el lounge, en las discos, en los Café-Bar que tanto se están poniendo de moda.

Los líderes son hijos de papá y hasta auto propio tienen. Son una fauna nocturna que se mueve con la libertad que les da el seguir siendo jóvenes. Son la generación MTV, generación del celular, del rave, del éxtasis, del Internet, del Facebook, de las utopías inalcanzables; son la envidia de los arribistas. Todos quisieran ser como ellos, esperan ser como ellos, hablar como ellos, vivir como ellos, morir como ellos. Son animales de plástico en un mundo hecho especialmente para ellos…

Pero también son la edición 2012 de los 400 pueblos, sólo que éstos en lugar de ir desnudos de sus ropas, van desnudos de ideas.

Los recuerdo bien, sumisos llegaban al programa para hacerme sentir viejo. Hombres, mujeres, estudiantes liderados por un muchacho taciturno que se pasaba las horas sentado esperando a que lo llamaran y entonces poner así en activo a sus huestes. Algunos no lograban responder las fáciles preguntas que les hacíamos. Otros, los más sencillos, curiosamente eran los más inteligentes y lúcidos; se notaba a leguas que todavía mantenían ciertos ideales en pie.

Me llamaba mucho la atención que el muchacho que los lideraba no fuese de los más elocuentes, antes bien me parecía que no daba la cara, que se escondía atrás de su taza de café. Quizá por ello me enteré tarde que se llamaba Sandro, como el gran cantante, mi amigo “El Puma”. Y me enteré porque en los días que Héctor Yunes impuso al líder del Frente Juvenil Revolucionario, este muchacho salió a dar declaraciones y entonces comprendí que no sólo era joven, callado y taciturno, también era priista. Se sentía con derecho a aspirar a ser el líder de las juventudes de ese partido.

Pero no lo consiguió, claro que entendió una buena lección, en el partido la democracia es sólo una calcomanía que se pega en los parabrisas de los autos.

Los jóvenes priistas han dado muestra de la clase de personas que son. Ahí están los de Juventud Dinámica, encabezados por la regidora, Corintia Cruz Oregón, quien ha hecho valer su condición de joven y con ello ha obtenido muchos favores. De ahí salió el infame Franzoni, el mismo que apuntó con un arma a un grupo de manifestantes. Miembro honorario de la mesa de la estupidez, el tal Franzoni ahora es negado más veces de las que Pedro negó a Jesús y ningún gallo ha cantado.

Todo joven que tenga aspiraciones, que tenga ambición, que tenga ímpetu puede ser priista. No importa si tiene estudios o no, no importa si antes militó en el PAN o en el PRD. Lo que importa es que lleguen vacios de ideas, con sus instintos básicos despiertos, con la dignidad adentro de su caja de Pandora.

Por eso son capaces de ir a romper cualquier acto público, a la manera de los 400 pueblos. Ahí estuvieron, en la conferencia que estaba dando Alberto Olvera sobre la (in) seguridad en nuestro estado. También, que ganas de venir a hablar de sogas en la casa del ahorcado. Estuvieron presentes también en la reciente presentación del ex diputado Gerardo Fernández Noroña, a quien, según las redes sociales, llamaron a gritos “terrorista, anarquista, revoltoso”. Son tan inocentes, que no se dieron cuenta que eso mismo que calificaban, era lo que ellos estaban haciendo.

Pero están muy conscientes de sus ambiciones, porque entre ellos circula una máxima que se ha convertido en doctrina: “Si ese pendejo pudo llegar, por qué yo no”.

Por ello cualquiera puede tener aspiraciones y buscar la candidatura para llegar ser diputado local, diputado federal, alcalde, senador y hasta presidente de la República. El requisito es mínimo. Sólo hay que tener mucha hambre y pocas ideas; mucha ambición y poca dignidad.

En unos cuantos meses, cuando empiece la disputa por las alcaldías, las juventudes priistas saldrán de sus escondites y se sentirán con derecho a aspirar.

Una de ellas ya se ha adelantado y dice tener planchada la alcaldía del municipio de Emiliano Zapata, y es que después de dejar de ser la consorte municipal, Xalapa quedó muy lejos de sus posibilidades.

Ahora resulta que por ir a embriagarse los fines de semana en el Bar Río de Las Trancas puede uno obtener la residencia en ese municipio.

Yo también, alguna vez desperté en el motel Venus y no por ello me siento con derecho a ser alcalde de un municipio que ni entiendo.

Armando Ortiz

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