En el libro El compromiso de la Fidelidad. El relevo generacional en Veracruz, el autor, Alejandro Ramírez señalaba que cerca de 3200 jóvenes se habían incorporado al proyecto de Fidel Herrera como secretarios de despacho. 3200 jóvenes menores de 35 años.
En ese libro se mencionan varios nombres de personas que ahora ostentan un cargo público o un cargo de elección popular. Ellos eran los que gozaban de privilegios con Fidel, eran parte de esa cofradía que dejó al estado financieramente débil o hasta exangüe. Muchos de ellos reptaron en el proyecto de la Fidelidad haciendo negocios y enriqueciéndose de tal manera que hoy día poseen casas, ranchos, departamentos de lujo y hasta colecciones de autos. Fidel los dejó hacer y ellos se hicieron a imagen y semejanza de su creador.
Por ello, así como su creador tuvo sus discípulos, ellos también se buscaron los suyos. De esta manera el número que anotara Alejandro Ramírez en su olvidado mamotreto, crece de manera exponencial. Imaginen a cada uno de esos 3200 acompañado de su propio grupo de jóvenes que busca de la misma manera el enriquecimiento fácil.
En un principio se les podía ver en los bares exclusivos de la capital y del puerto de Veracruz. En el Bar Rio donde los de seguridad cuentan que la misma alcaldesa fue a armar varios “panchos” a su entonces amada Shariffe Osman, en el Classico donde se agrupaban y armaban sus fiestas hasta amanecer, o en los restaurantes bar de La Plaza del Sol donde la amiga íntima de Leticia Perlasca, Mónica Camarena, tenía que ser auxiliada para que pudiera abordar la camioneta que la secretaria de Turismo le había regalado.
Claro, eso era hasta que empezaron los levantones, las matanzas, los secuestros y entonces, aunque le saliera más caro al erario, buscaron sus salidas foráneas a la ciudad de Puebla, el DF, aunque se sabe que los jóvenes funcionarios VIP, se pueden ir de “party” hasta Nueva York o las Europas donde el peor problema al que se puedan enfrentar es su pésimo inglés.
Dejaron la Fidelidad y entraron al duartismo. Los que tuvieron suerte de contar con un padrino poderoso, continuaron aprovechando las influencias que da el poder. Si bien no pudieron obtener un puesto que les diera el sueldo que deseaban, ni seguro de vida, ni gastos a comprobar, los que poseían inmuebles rentaron a precios exorbitantes sus casas, oficinas, bodegas y locales a este gobierno vía padrino influyente, y con eso para que se necesita un sueldo. Otros compraron camionetas de lujo y las pusieron a disposición del gobierno quien se las renta y las paga muy bien. Algunos más se prestaron de proveedores y los más fiesteros, dueños de bares y restaurantes pusieron a disposición del comprobante fiscal de la dependencia que apadrina todos sus servicios. Sí, reptaron en los tiempos de la Fidelidad y ahora parasitan en el duartismo.
A esa clase pertenece Juan Pablo Franzoni, un sujeto, según sus amigos, nada genial, poco inteligente y “atascado hasta la madre”. Al parecer a muy pocos extraño que este sujeto fuese el que sacó el arma y con ella amenazó a las multitudes de una marcha pacífica; “sólo a un pendejo como el Franzoni se le podría ocurrir”, dijeron algunos de sus amigos entrevistados.
Repito, a esa clase pertenece el intimidador, un joven que sin embargo tiene muy claro que cualquiera puede aspirar a un cargo público siempre y cuando se tengan los contactos adecuados. Entre ellos circula la premisa siguiente: “Si ese pendejo la pudo hacer, por qué nosotros no”; máxima priista que es parte de su credo político.
Proveniente de una familia de Veracruz, Franzoni no es dueño del restaurante Sumarento, ni siquiera del local; el dueño es su padre, quien también renta la el local de junto donde están las oficinas de JD, Juventud dinámica, que coinciden a propósito con las iniciales de Javier Duarte. Ese es el centro operativo de la regidora Corintia Cruz, quien por cierto entregó muy malas cuentas en la pasada elección, aunque a esta beldad esos se le puede perdonar pues tiene otras habilidades compensatorias. Pero Franzoni y aunque ahora lo nieguen, es parte de esa dinámica juventud priista.
Así como Franzoni hay muchos que parasitan en el gobierno de Duarte. Jóvenes licenciados en los antros, algunos con maestría en impunidad, otros con doctorado en corrupción. El sistema los cobija y los mantiene, por lo tanto también los puede defender.
Ellos son la “Generación Lounge”, generación de coctel que pasa más horas en la “party” que en cualquier oficina de gobierno. Una generación que aprendió a reptar en los lodos de la fidelidad y que ahora parasita en los rincones sucios del duartismo.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
