Cuando a Anabel Hernández, autora de libros como Los cómplices del presidente y Los señores del narco, le preguntaron sobre la honestidad del candidato de las izquierdas Andrés Manuel López Obrador, la periodista, sobre quien pesa una amenaza del mismísimo Genaro García Luna, respondió que sí, que lo había investigado por cierta información que le habían pasado respecto a unas supuestas propiedades mal habidas del tabasqueño, sin embargo señaló que no había encontrado nada que pudiera hacer creer que López Obrador era deshonesto. Lo mismo, en otro tenor, piensa el escritor Enrique Krauze de quien fuera jefe de Gobierno del Distrito Federal; el intelectual afirmó que “López Obrador a pesar de todos sus defectos era una persona limpia, recta y que tenía un sincero amor por México”.
Vale mencionar que Andrés Manuel fue jefe de Gobierno capitalino, cargo que en el sexenio de Ernesto Zedillo, y por sólo tres años, tuviera Oscar Espinoza Villareal, quien saliera multimillonario y fuera hecho preso, acusado de peculado y desvío de fondos por 420 millones de pesos; al poco tiempo el sistema lo perdonó por toda la información que el señor cargaba de los negocios ilícitos que se hicieron con los grandes capos del PRI.
Recientemente la organización Anonymous, quien se ha dado a la tarea de revelar información sobre los candidatos a la presidencia, especialmente sobre Enrique Peña Nieto, ha señalado que no lograron encontrar rastros de corrupción en contra de Andrés Manuel López Obrador.
Entonces, ¿por qué la gente sigue considerando al tabasqueño como un peligro para México? ¿Por qué ese odio contra un hombre que durante su gestión como jefe de Gobierno en el DF implementó el apoyo a los adultos mayores, apoyo severamente criticado pero que hoy día desde el gobierno Federal, hasta los estatales, han copiado sin ser cuestionados por ello?
Entiendo que lo odien los periodistas a quienes les hayan llegado al precio; muy buen precio por cierto. También entiendo que periodistas de “medio pelo”, apologistas de regímenes mediocres, corte de alcaldes derrochadores, se atrevan a hablar de Andrés Manuel con un desprecio de imitación, pues quieren parecerse a esos pseudo periodistas del centro del país que no desperdician ocasión para derramar su bilis en contra de el tabasqueño. En Veracruz tenemos a muchos émulos de Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva, Eduardo Ruiz Healy o Pedro Ferriz de Con, lacras que como el Esaú bíblico, han vendido su primogenitura en el periodismo por un plato de lentejas.
Existe un dogma del odio sobre Andrés Manuel; el que lo odia lo odia con un desprecio incomprensible, lo repudia como si el fuese el causante de la tragedia de este país y el caso es que ya en una ocasión le robaron la presidencia y en esta segunda ocasión ni siquiera lo han dejado hacer una campaña equitativa. Y no sólo eso, odian a quienes apoyamos al tabasqueño, nos consideran radicales, nocivos y hasta ignorantes a pesar de los varios libros publicados y de los grados académicos que tengamos; para ellos la maledicencia tiene mayor valor curricular.
Tratando de ser objetivo debo señalar que en parte el tabasqueño es responsable de una parte de ese repudio. Uno de los milagros que tanto le cuelgan es su relación, en los tiempos de jefe de Gobierno del DF con René Bejarano, el famoso “señor de las ligas”. La gran mayoría consideró que Andrés Manuel estaba al tanto de los malos manejos de quien fuera coordinador del PRD en la Asamblea Legislativa. Andrés Manuel no hizo declaraciones al respecto, al menos no declaraciones contundentes en donde explicara que era ajeno a esos malos manejos; no lo creyó necesario.
Por eso quedó en el recuerdo colectivo que Andrés Manuel había tenido que ver con esos malos manejos. No importó que después se descubriera el complot. Que se supiera que Carlos Ahumada, autor de los videos en donde se mostraba a Bejarano recibiendo grandes cantidades de dinero, se había puesto de acuerdo con el Jefe Diego, quien a su vez estaba en contacto con Carlos Salinas, para crear un escenario adverso en contra de Andrés Manuel; el que no lo supo fue porque no quiso enterarse, porque prefirió quedarse con la idea de que Andrés Manuel era corrupto.
En Veracruz sucede lo mismo, cuando viene al estado todas las lacras perredistas se suben con él al templete para tomarse la foto, para dejarse ver con el líder que arrastra multitudes, para sentirse un poco honestos, un poco populares, un poco estadistas. Pero son las mismas lacras de siempre.
Rogelio Franco Castán vendió en el sexenio pasado su alma al diablo de la fidelidad. Fue el perrito faldero de Fidel, el que se comía las sobras que caían de la mesa del de Nopaltepec; fue uno de los que le sostuvo la pata a la vaca del dicho: “tanto peca el que mata la vaca, como el que le sostiene la pata”. Es un tipo rastrero que se vende al mejor postor; de esos políticos “ramera” (que abundan) que se paran en las esquinas del Congreso a esperar quien los suba a sus camioneta para hacerles propuestas indecorosas.
Arturo Herviz es, de acuerdo a notas periodísticas, promotor del fraude “Casa Digna”. Cientos de familias que aportaron los recursos de su vida los perdieron debido a que confiaron en un hombre cuyo único mérito ha sido tener iniciativa en un partido sin iniciativa. No hay figuras poderosas en el PRD veracruzano y en tierra ciegos, el tuerto es rey. La fortuna de Herviz ha sido calculada de acuerdo a nota del periodista Édgar Hernández, en “250 millones de pesos en depósitos bancarios y dos ranchos, uno el Majahual que cuenta con laguna personal y otro más en el estado de Hidalgo”. En la misma nota se dice que “Herviz posee en sus ranchos mil cabezas de ganado vacuno de alto registro, incluyendo 500 cabezas de raza Charolais; es propietario de 27 caballos pura sangre cada uno con valor de 200 mil dólares; una flotilla de autos de lujo; un yate y destinos habitacionales en Xalapa, el puerto, Ángel R. Cabada, el Distrito Federal y en Punta Diamante, Acapulco”. Aquí el pecado no está en ser rico, sino en la manera como obtuvo esa fortuna.
Margarita Guillaumín era una luchadora social, hasta que conoció el glamour de los pasillos del Congreso local. Cambio su aspecto a lo Beatriz Paredes y se quiso sentir una chica “Totalmente Palacio” como las suripantas de la fidelidad. En su momento cometió el error de defender a Celestino Rivera, otra fichita del perredismo al que le pusieran un cuatro con un menor de 12 años en un motel de Tantoyuca. Todavía se atrevió a buscar la Comisión Estatal de los Derechos Humanos y actualmente es candidata, sin ninguna oportunidad, al Senado de la República.
Seguramente ellos van a estar el próximo 17 de abril cuando Andrés Manuel se presente en la ciudad de Xalapa. Seguramente van a llenar el templete de madera con todos sus gatos y servidores, seguramente no van a dejar subir a la sombra a los que realmente hacen el trabajo de promoción del voto a favor de López Obrador; esos que han llegado hasta mi casa con el periódico Morena, o que me los he encontrado en las esquinas de los semáforos repartiendo propaganda; para ellos está el concreto, el sol, el tumulto y el desdén.
Estimado Andrés Manuel, si el 17 de abril acudo a esa cita y me encuentro a esa gente cerca de ti, arriba, en el templete, no pienso quedarme. No cambiaré mi voto que será indiscutiblemente para ti, pero a ellos no pienso ofrecerles ni medio vaso de agua.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
