
CIUDAD DE MÉXICO, 27 de diciembre- Una nueva herramienta para luchar contra el cáncer serían los venenos usados por los caracoles marinos para defenderse de sus depredadores y atrapar a sus presas, ya que podrían utilizarse como principio activo de medicamentos contra enfermedades cancerígenas, señaló Estuardo López Vera.
El titular del Laboratorio de Toxicología Marina del Instituto de Ciencias del Mar y Limnología (ICMyL) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) puntualizó que “en estos momento caracterizamos bioquímicamente el veneno de estas especies marinas, que pudiera afectar o paralizar el crecimiento de células anómalas. Hemos identificado cinco toxinas de un promedio de 100 de una sola especie, Conus fergusoni”.
Detalló que las evidencias apuntan que la metástasis que se produce en las células dañadas está dada por una proteína encargada de transportar iones de potasio. Cuando esta compuerta o proteína se expresa ocurre ese proceso. Pero ahora “sabemos que dentro de las toxinas que puede producir un caracol hay algunas que bloquean canales de potasio”, remarcó.
López Vera recolecta en aguas mexicanas de los océanos Pacíficos y Atlántico a estos animales resguardados en conchas con forma de conos y los lleva a su laboratorio. Posteriormente extrae la sustancia con el fin de analizarla con diversas técnicas de microscopía y cromatografía de líquidos, para conocer a fondo sus componentes y estructura química.
El maestro en neurobiología y doctor en ciencias biomédicas y su equipo buscan toxinas que interactuen y bloqueen el canal de potasio; en general son proteínas muy pequeñas, con un promedio de 20 aminoácidos (estos últimos son los que forman las proteínas, que pueden llegar a tener 500 o 600 aminoácidos).
Aclaró que aún hace falta saber “cuáles son estos 20 aminoácidos para poder hacer la síntesis. Ya tenemos cinco candidatos y debemos conocer qué tan grandes son estas proteínas”.
En el mundo, dijo, hay unas 500 especies de caracoles marinos de la familia conoidea y en México coexisten 60. Cada una produce entre 100 y 200 toxinas diferentes. Si calculamos 200 toxinas diferentes por cada Conus, tenemos 100 mil péptidos distintos en las 500 especies que son farmacológicamente activas.
López Vera añadió que los caracoles del género Conus tienen un aparato donde sintetizan el veneno. Han desarrollado un diente en forma de arpón que sirve como jeringa hipodérmica para inyectarlo.
El académico concluyó que el trabajo que efectúa, se trata de estudios recientes, pero con el enfoque y la esperanza de bloquear el canal de potasio que en un futuro ayude a crear un fármaco contra el cáncer.
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