Xalapa, un polvorín

Xalapa, un polvorín
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Foto: twitter

Mi ciudad, como ya se vio este sábado pasado, es un lugar en el que en cualquier momento puede devenir una desgracia. Lo ocurrido en el populoso barrio de El Dique debe poner en alerta, tanto a la población como a las autoridades de Protección Civil, municipales y estatales, pues el manejo que se hace del gas LP es de lo más negligente y peligroso, tanto en su uso como en su distribución.

Y para muestra lo que informa el Heroico Cuerpo de  Bomberos de Xalapa, que reporta que cada mes atienden hasta doscientas llamadas de auxilio por cuestiones que tienen que ver con el uso de ese combustible, tanto en casas particulares como en negocios.

El peligro es latente, pues en infinidad de comercios se usa gas LP bajo condiciones de riesgo, esto ante la complacencia o desconocimiento de las instancias gubernamentales, tanto de Comercio como de Protección Civil.

Es cosa común ver cualquier cantidad de puestos de comida, elotes, churros, etcétera, que utilizan instalaciones no adecuadas, y cuyas distancias entre la fuente del fuego y los tanques que utilizan no son las apropiadas; asimismo ocurre en los negocios de carnicería, como en la que se cree, se originó la explosión del pasado sábado, los cuales en su mayoría elaboran chicharrones y carnitas prácticamente en la calle.

Si uno busca en Internet las fotografías que Google Maps tiene de la dirección de la carnicería en donde ocurrió el estallido, podrá darse cuenta que en la calle se encuentran dos pailas y, alrededor, al menos tres cilindros grandes de gas LP, por lo que se concluye que lo que pasó nomás era cosa de tiempo, pues es evidente el descuido y negligencia con que se manejaba el combustible.

Esa imagen, que cualquiera puede buscar mediante una computadora o teléfono inteligente, multiplíquela por los miles de sitios que hacen lo mismo por toda la ciudad y nos daremos cuenta que, si no se exigen medidas más rigurosas para el manejo del gas LP, seguirán ocurriendo accidentes tan terribles como el que nos ocupa.

Y lo mismo aplica para la gran cantidad de talleres que utilizan otros gases combustibles para trabajar, como el acetileno, el oxigeno, entre otros, o que reparan, sin las debidas medidas de seguridad, tanques de combustible de autos y camiones, muchas veces haciéndolo en plena vía pública, exponiendo gravemente a la población y a sus bienes.

Que no quede, lo ocurrido en El Dique, nomás como una oportunidad para lucrar políticamente con desgracias que se pudieron evitar si los que se fueron a “placear” en medio de los escombros, para que los fotografiaran los medios, hicieran bien su trabajo y ordenaran que se cumplan con todas las medidas de seguridad previstas en las leyes y reglamentos existentes.

Muchas desgracias se pueden evitar si no se echa en saco roto lo que pasó, y ojala que la muerte de la persona que falleció en la explosión sirva para evitar muchas, pero muchas más muertes, que podrían ocurrir por tanta negligencia y descuido.

Alejandro Hernández y Hernández
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