Mi ciudad es un lugar en donde, a ratos, uno piensa que ya no se puede vivir. Vea por qué.
En días pasados, tuve que ir al banco al centro. Mientras perdía miserablemente mi tiempo dando vueltas en las calles atestadas de vehículos, buscando un lugar para estacionar mi coche concluí que, si uno, cuando va al centro no se estaciona en algún estacionamiento público (válgase la redundancia porque no se puede construir la oración de otro modo, si a usted le sale, hágamelo saber), nomás no lo podrá hacer en ninguna otra parte, pues las calles siempre estarán ocupadas por otros autos, los cuales, o brotaron ahí, o los dueños amanecen con ellos en el mismo lugar en donde se encuentran.
Esto, que en un principio me pareció una teoría irrebatible, me obligó a hacer una investigación concienzuda del problema para así, tener una visión más amplia de él.
Pues bien, sucede que sí, muchos dueños de autos estacionados en el centro amanecen literalmente en las calles con tal de encontrar lugar para su auto; la mayoría son empleados que laboran en las oficinas, tanto gubernamentales como particulares y lo que los orilla a esto es el tratar de ahorrarse lo del estacionamiento; cosa lógica si multiplicamos ocho horas diarias de estacionamiento a razón de doce pesos. Lo de la emanación espontánea no lo pude comprobar cabalmente (aclaro que es una sandez mía, no vaya a haber alguien mas “sando” que yo, interesado en investigarlo – sí, ya sé – ésa palabra no existe, pero si el que hace estupideces es un estúpido; el que hace sandeces debería de ser un “sando”, ¿sí o no?).
Pues bien, encontrar un lugar para estacionarse es un asunto que no atañe únicamente a los que van al centro; pues es tal la cantidad de autos que circulan por nuestras calles que cualquier centro comercial o colonia adolece de lo mismo.
Todo esto da pie a varios problemas adjuntos, no tan graves como el primero pero sí notables cada uno en su particularidad. Empecemos pues, a ilustrarlos.
Problemática: Falta de lugares de estacionamiento en las calles y prohibición de lo mismo, en las mismas. Consecuencias: Para empezar, el pisoteo descarado del Reglamento de Tránsito; pues a cual más se estaciona donde no debe, y no importa si el lugar en donde se deja el auto es parada de autobuses, toma de agua de bomberos, entrada de hospitales, bancos o escuelas; entrada de cochera de casa particular o lugar exclusivo para minusválidos. Aquí se puede agregar, no sin preocupación, los que se paran en doble o triple fila; los que se bajan al cajero automático “nomás tres segunditos”; los que alegan: “nomás me bajé a dejar un papel”; los que: “pero si ni me tardé” y que estuvieron obstaculizando por más de media hora un retorno de avenida y así, hasta llegar a las madres pudientes que van por sus hijos a la escuela y que, invariablemente, se excusan diciendo: “pero si sólo bajé por los niños dos minutos”, mientras, la fila de autos atrás del suyo colma dos cuadras.
Problemática: Estacionamientos caros. Consecuencia: Todas las anteriores, porque nadie quiere o puede pagar tanto dinero. Y es que, señores concesionarios de estacionamientos ¡Bájenle! Si uno hace la cuenta, un solo cajón de estacionamiento les deja, con mucho, más dinero que si rentaran una casa de interés social ¿Que no? Ahí le va el cálculo rápido: diez metros cuadrados de espacio, que es lo que mide un cajón de estacionamiento aproximadamente (algunos menos), a razón de doce pesos la hora, multiplicado por, al menos diez horas de servicio al día da un total de: ciento veinte pesos diarios; esto multiplicado por seis días hábiles (el domingo no lo consideré, aunque hay estacionamientos que sí laboran ese día) les proporciona un total de: setecientos veinte pesos a la semana; ahora, multiplíquenlo por las cincuenta y dos del año y tendrán un total de: treinta y siete mil cuatrocientos cuarenta pesos por cajón. Si juntan lo de diez, serían cien metros cuadrados (lo mismo que ocupa una casa de interés social), pero con una renta de ¡Treinta y un mil doscientos pesos al mes! ¿Qué les parece?
Y todo lo anterior sin contar lo que le roban a los usuarios por las fracciones de hora; pues aunque el Reglamento marca que, después de la segunda se cobrará por cada media hora transcurrida, en todos le cobrarán las horas completas; así hayan pasado diez minutos.
Problemática: Apartado de lugares en la calle. Consecuencia: Cobros ilegales y derrame de bilis de los automovilistas. Sí, porque ahora resulta que las calles tienen dueño, o al menos, algunos usufructuarios aprovechados que se benefician de apartar lugares en ellas. Y aunque ante esto siempre cabe la posibilidad que uno se ponga patriótico, reclame sus derechos y ponga su auto encima de los guacales, también puede que a su auto le aparezcan, misteriosamente, unos rayones en la pintura de la carrocería.
En fin, más de lo mismo sería redundar, pues estoy seguro, amable lector que usted, en su diario devenir sabrá más de esto que un servidor. Sin embargo, algo habrá que hacer para solucionar el problema del estacionamiento de vehículos, pues la situación amenaza con volverse incontrolable.
Alejandro Hernández y Hernández
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