Mi ciudad tiene apellido pero no tiene, hasta ahora, ninguna H antes de su nombre, no como la tiene Veracruz, la cual es cuatro veces heroica. Y si utilicé el “hasta ahora” es porque un grupo de xalapeños, mientras la alcaldesa tumba el parque Juárez y lo convierte en mercado, han decidido hacer gestiones para tratar de anteponer la H a Xalapa, toda vez que, según la historia, nuestra ciudad entra en la clasificación de heroica por las acciones de dos hombres, los tenientes Ambrosio María Alcalde y Herrera y Antonio García, dos militares jalapeños que no se rindieron ante la ocupación militar de Xalapa por parte del ejército norteamericano en el año de 1847.
La heroicidad de una ciudad representada por dos hombres, a 166 años de distancia, pareciera ser una cosa sin importancia, sin embargo, no lo es si nos damos cuenta que se trata no sólo de una postura de valor humano, sino también de una gran dignidad social ante un invasor que, sin miramientos, trata de imponer su ley en tierra ajena. Estos acontecimientos, que para la mayoría de los xalapeños resultarán casi sin importancia, son en realidad la muestra de un cariño por Xalapa que se ha ido perdiendo poco a poco entre los que aquí vivimos.
Para los xalapeños, llamémosles químicamente puros, promover que la heroicidad de Xalapa quede asentada de manera oficial es un acto de amor por el terruño, mismo que no sólo servirá para abundar los apuntes de los historiadores y del cronista de la ciudad, sino que pudiera servir para recuperar el orgullo de ser xalapeño y que tanta falta nos hace.
Y es que muchos de los problemas de nuestra ciudad tienen que ver con la falta de respeto que a la “xalapeñidad” y a la misma ciudad se le tiene. Fachadas en mal estado, basura en las calles, autos estacionados sobre las banquetas y muchas otras malas conductas ciudadanas tienen su origen en una falta de orgullo por el gentilicio que nos define. Los xalapeños han sido tradicionalmente cultos, educados, recelosos con los extraños quizá, pero nunca inciviles; herederos, además, de una cierta hidalguía, añeja y anacrónica si se quiere, muy de esta ciudad, sin embargo, las nuevas generaciones de xalapeños, esos que no presenciaron la construcción del estadio xalapeño, los que no vieron al Juanote parado en Enríquez con su lio de soga en el hombro, los que no saben que en esta ciudad pernoctó Maximiliano dos veces, una vivo y otra muerto, y que jamás vieron la Torre Cinética susurrar con el viento, le tienen tan poco cariño que nomás la ocupan como un departamento de soltero y no como una casa decente.
Por eso si la alcaldesa monta un mercado en el parque Juárez nadie respinga, porque el orgullo legítimo de xalapeño bien habido se ha perdido, y a nadie le importa lo que le pase a esta ciudad mientras le sirva a uno para vivir y no para vivirla; por eso ya no saludamos a nuestros vecinos cuando barremos el frente de nuestra casa, porque para empezar ya nadie lo barre y porque el sentido de pertenencia por el barrio que uno habita es cosa del pasado. Y por esa desatención a lo que nos identifica, es que hay gente que cree que puede hacer lo que quiera sin que nadie le diga nada, ensuciar nuestras calles, invadirlas y usarlas como mugrientos tianguis, o manda a pintarle grotescos murales, o invadir los bosques que la circundan y hacer cualquier cantidad de cosas que atentan, no sólo contra el paisaje urbano y la imagen de la ciudad, sino contra la cohesión social que hace de las personas que la habitan verdaderos ciudadanos orgullosos del lugar que habitan.
Ojala y estas personas que pretenden obtener el grado de Heroica para Xalapa lo logren y eso, de algún modo, nos devuelva el orgullo de ser xalapeños.
Alejandro Hernández y Hernández
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