El PRD decidió jugársela nuevamente con Andrés Manuel López Obrador, en la idea que los errores cometidos en el 2006 no se repetirían. Pero nuevamente la soberbia volvió a hacer presa del tabasqueño, dejando en claro sus ambiciones de líder mesiánico y obsesionado por obtener el poder.
El PRI obtuvo el 38% de la votación, el PRD el 32% y el PAN el 25%. Ante la derrota del blanquiazul, quedaron en el candelero, sin lugar a dudas, las dos peores opciones para las aspiraciones de democracia y libertad que México ha venido persiguiendo.
En este orden de ideas, la reforma electoral propuesta por el Ejecutivo federal, entre otras cosas, pretendía la creación de la segunda vuelta en la elección presidencial, cuando ninguno de los candidatos obtuviera el 50% mas uno del total de los sufragios. El PRD se opuso a lo anterior, lo cual le resultó un escupitajo al cielo, el cual le cayó, consecuentemente, en la cara, porque de haberse aprobado dicha iniciativa, ahora mismo se estaría realizando la mencionada segunda vuelta, entre los abanderados del tricolor y el partido del Sol Azteca.
Es un hecho que los dos partidos tienen cola que les pisen, que ambos tienen sus historias turbias y que va a ser muy difícil que uno pueda hundir al otro. Al final, como les comente en una reflexión anterior, la elección terminó siendo legítima pero no legal.
El daño está hecho y cualquier decisión que tome el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, no será necesariamente la más conveniente para el país…así de sencillo.
Gracias. Hasta la próxima.
Sobre el Autor:

Manuel Almazán C.
@melo58
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