Juicio a los expresidentes, la base de la equidad social

Juicio a los expresidentes, la base de la equidad social

Durante los últimos 36 años del régimen político derrotado en las urnas los mexicanos fuimos engañados con un sonsonete macabro: ¡todo va muy bien!‎, decían los infames mandatarios de nuestra voluntad electoral. Siempre todo iba bien, hasta que todos nos dimos cuenta de que en realidad todo iba mal. Una experiencia que no debe repetirse.

¡Todo va bien!, también repetían hasta el cansancio los neoliberales entreguistas, hasta que nos dimos cuenta por las mediciones internacionales de los niveles de vida de que sólo podíamos comparar nuestra situación vital con los países del sub-Sahara africano. Cuando supimos que en el área latinoamericana sólo éramos superados por el hambriento Haití. Y eso sólo en unos cuantos rubros del gobierno y la asistencia social.‎

No encontrábamos parajes tan desolados para vernos en otro espejo, para comprobar el aserto fundamental de los gobiernitos anexionistas, apoyados por medios de comunicación infames y vendidos. Simplemente, éramos los últimos lugares en justicia, desigualdad material, corrupción y rapiña generalizada.

Ubicación, la única diferencia con las dictaduras más sangrientas

Personitas que habían sido amaestradas con títulos patito en universidades extranjeras, para hacerlos proclives a la dominación o gentuza de tres al cuarto que nunca recordaron los títulos de tres libros que hubieran leído en su vida, complicitados con los carteles del narcotráfico, hicieron lo que quisieron, en medio de tanta ignorancia pública.

La única diferencia entre la represión y la corrupción de las más sangrientas dictaduras sudamericanas, asiáticas y africanas con las nuestras era simplemente de ubicación geográfica. Aquí se aplicaban también todos los catálogos de las oligarquías y del autismo de los déspotas, por la creencia de que ¡tooodo iba muy bien!

Ciento diez millones de mexicanos en pobreza atestiguaban el avance que propalaban los representantes de la decadencia y la miseria. El uno por ciento de la población aplaudía la permanencia de sus modos y maneras. Se tensaba la cuerda, se violentas el tejido social, en la absoluta inconsciencia, en la brutal ignorancia.

El neoliberalismo a la mexicana era la doctrina del abuso

Para los ideólogos del neoliberalismo entreguista, era un pecado mortal tener hambre. Era un despropósito ser pobre –“es un mito genial”, dijo aquél que además lo creía–, todos éramos pasto de su irrefrenable apetito de dinero ajeno. Quien no estaba de acuerdo, pagaba su afrenta con cárcel en prisiones de alta seguridad construidas por transnacionales, previos moches con los mandarines.

Hacían creer al pueblo que la única forma de conseguir progreso y felicidad era desmantelando su confort. Subastaban la soberanía, regalaban el patrimonio, relataban regiones geográficas enteras para satisfacer el apetito de empresas extrañas, sacrificaban la dignidad en mercados negros manejados por los delincuentes. Era la doctrina del abuso.

El culto al poder era parte del primer mandamiento. Creían estar hechos a mano, cuando formaban parte de una corte de enanos sin acabado, cuando causaban hilaridad y vergüenza ajena en todos los rincones del mundo por sus modales mal calcados, con sus arrebatos de malnacidos.

No sabían, nunca supieron que el concepto de la equidad social está más arraigado que el de la sumisión en nuestro pueblo. Que la discrepancia ha sido la base del repudio a los fantoches. Que sabíamos construir los mecanismos de equilibrio en base a la protesta para lograr la concordia. Que siempre detectamos sus cifras maquilladas y sus estrambóticos discursos del engaño felón.

‎Nunca supieron, ni sabrán en dónde estaban parados.‎ Nunca tomaron nota de que la sociedad democrática debe brindar una libertad real. No sabían del imperativo constitucional que obliga al constante mejoramiento económico, social, cultural y político de la sociedad como fórmula de todo un sistema de vida. Nunca transformaron las necesidades en respuestas efectivas y constantes.

Evidente parentesco entre la intolerancia y la desgracia social

La resistencia al cambio, una impronta común a los retardatarios y conservadores los inmovilizó 36 años, acabó exhibiéndolos como payasos de la vida pública, catetos de los poderosos, prestanombres y lacayos del verdugo ancestral. Mensajeros del oprobio, caciques de la indefensión.

Íbamos con paso acelerado hacia la degollina civil, a la guerra fratricida, al Estado de lo putrefacto. A la violencia como ultima ratio de los enfurecidos, desesperados pos encontrarse ante un callejón sin salida, para colmo, sellado a cal y canto por sus patrones, los financieros neoyorquinos de las guerras frías.

Había un evidente parentesco entre la intolerancia y la desgracia social. Los gobiernos ilegítimos, normalmente intolerantes, se hacen obedecer a base de matanzas y mentiras. La base de su poder es el miedo. Un concepto del poder radicalmente contrario al de un régimen político sano, equitativo y justo.

Por eso retiraban de los programas del gobierno la educación popular, la vivienda, la seguridad social, el abasto, la atención sanitaria, la tutela de los derechos sociales urbanos, agrarios y obreros, la distribución de la riqueza, el acercamiento al pueblo, configurando un cuadro de desastre. Si a lo anterior se agrega la rapiña sobre los ahorros públicos, cualquier dictadura palidecía ante la mexicana.

El poder, instrumento de solidaridad con los más necesitados

Hoy sabemos que para que todo vaya efectivamente bien, se necesita aplicar las fórmulas de la equidad social, la que contribuye al desarrollo, impulsa el crecimiento del mercado interno a través de inversiones multiplicadoras del empleo, alienta los programas sociales, impulsa la opinión de los grupos pensantes, alienta todos los reductos del Estado moderno, donde éste se encuentre.

Considerar al poder como un instrumento necesario de la solidaridad con quienes más lo necesitan. No ver su ejercicio como un privilegio, sino como palanca de la población vulnerable que demanda enfrentar los efectos causados por las empresas por tanto tiempo favorecidas con subsidios y exenciones fiscales y legales.

En la política interna, establecer el orden y la seguridad de que nadie puede actuar por encima de la ley. Dar el manotazo efectivo para que todo mundo se discipline en torno a los objetivos superiores de la Nación. Respetar la convivencia y las leyes que la norman.

Basta de negociaciones dilatorias; se tienen todas las evidencias

Por eso y más era necesario decir desde la investidura presidencial que ya basta de engaños de huizacheros cercanos a los puestos de mando. Que los delitos graves cometidos por los ex presidentes de la República, sus cómplices empresariales y aún sindicales como el petrolero deben ser perseguidos de oficio por la Fiscalía General de la República.

Que ya basta de negociaciones dilatorias cuando se tienen todas las evidencias y las huellas de la depredación en las manos, y la opinión pública está convencida de la irresponsabilidad de los trúhanes.

¡Que adelante con los faroles!‎ Todo mundo lo ha aplaudido. El concepto de la equidad social debe tener como base esencial la justicia.

¿No cree usted?

Índice Flamígero: En su conferencia de ayer por la mañana, el Presidente de la República delineó los posibles “delitos” de los que podría acusarse a sus antecesores, para ser juzgados, en caso de que así se decida en una consulta ciudadana programada para exactamente dentro de un mes, el 21 de marzo. “Yo soy partidario de que veamos hacia adelante, de que no nos quedemos anclados en el pasado, que no se permita la corrupción, que no se permita la impunidad hacia adelante, yo soy partidario de eso pero que sea el pueblo el que tenga la última palabra, cuando se haga la consulta que el ciudadano diga: ‘a ver, si queremos enjuiciar a Salinas ¿Por qué? Porque entregó empresas públicas a particulares y sus allegados. Queremos enjuiciar a Zedillo porque convirtió las deudas privadas de unos cuantos, en deuda pública, con el Fobaproa. Queremos enjuiciar a Fox por traidor a la democracia porque después de llegar por un movimiento para establecer la democracia encabezó un operativo de fraude electoral para imponer a Felipe Calderón. Queremos enjuiciar a Felipe Calderón porque utilizó la fuerza y convirtió al País en un cementerio. Queremos enjuiciar a Peña por corrupción. Pero vámonos así, ya nada de chivos expiatorios.”

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