El Caudillo y la Cuarta Mamarrachada, bajo el influjo de Ollendorf

El Caudillo y la Cuarta Mamarrachada, bajo el influjo de Ollendorf

Cuando Heinrich Gottfried Ollendorff inventó hace unos años su método de aprendizaje jamás se imaginó que en un país como México iba a llegar a ser la forma del lenguaje político, el del sistema despótico de gobierno. Las respuestas no tienen que ver con las preguntas. No se escucha ni se entiende. Se anula el diálogo y se socava el espíritu democrático. Cada uno contesta lo que quiere.

El lenguaje se sustituye con la patraña porque quienes mandan creen que así se aprende más rápido. Se vive en el reino del engaño. Ésa es actualmente nuestra realidad: se llega al fondo de la mentira a través de una ilusión de bienestar y felicidad o de buen gobierno… hasta que el destino nos alcance por confiar en merolicos.

Mientras el hambre arrecia, el desempleo y la miseria se imponen, y la desesperación cabalga impetuosa junto a los jinetes de la destrucción, se ordena el semáforo verde, se decreta domar la pandemia, se cree aplanada la curva, sin conocer las causas del flagelo, ni el rebote de este. Ollendorf manda.

En el momento crucial de la pandemia, en el clímax del sacrificio humano, se ordena al pueblo celebrar una ordalía de placer, el triunfo de la voluntad sin saber contra lo que se lucha. Ollendorf se erige incluso sobre las naciones avanzadas que han controlado el flujo y el ritmo de la peste con estrategias serias, medicamentos, atenciones hospitalarias, y todas las alternativas de prevención.

Ante la pandemia, el gobierno federal se refugia en la demagogia

Ollendorf criticó y vituperó a los gobernadores que se tomaron en serio la emergencia y decidieron luchar de frente contra la devastación del virus, contra la incomprensión y la ignorancia de quienes querían el resultado peladito y en la boca. El gobierno federal se refugió en la demagogia para justificar su incapacidad.

Ollendorf preside todas las juntas del aquelarre en que se instaló el gobierno anodino. Se montaron sobre el absurdo, el Kabuki, el Camp, al filo del suicidio colectivo. Jugaron con la vida y la integridad, sustituyendo el combate por las recetas seborreicas mañaneras, donde el inquisidor técnico ha sido ese sub ser apodado Lord Molécula.

Se hizo referencia a la pandemia tangencialmente, de soslayo, en aras de privilegiar un ataque peculiar a los fantasmas diabólicos: la amenaza popular de arrebatar por el voto la mayoría, de frenar la revocación del mandato, de cancelar la tentación reeleccionista del insensato. La pandemia se usó “como el anillo al dedo” para cancelar toda opción de enfrentar la crisis social para conseguir fondos y deudas que aliviaran el ramalazo económico, esquivaran el desempleo y el hambre.

Abandonar el recinto de la miseria atenta contra la manipulación

Los argumentos de Ollendorf fueron no repetir el error de los neoliberales, desterrar el pesimismo conservador, deturpar e insultar la lucha femenina contra los asesinatos impunes, burlar y reventar las manifestaciones de familiares de víctimas porque incluso atentaban contra la Cuarta Mamarrachada.

Cualquier gobernado que fuera salvado del hambre era un punto negro, uno menos para engrosar las filas de los suplicantes de la nueva dictadura bolivariana que se alimenta de carne magra, simplemente porque abandonar el recinto de la miseria atenta contra la manipulación, contra la tranquilidad del páramo donde los informales y ambulantes forman los ejércitos de parias en su propia tierra.

La elección del próximo junio vale todas las misas y funerales

El chairopopulismo decreta la muerte a la inteligencia, llama a celebrar inopinadamente la muerte, a rendirle culto a la mentira, a jurar lealtad a los perjuros, a los improvisados, a los súbditos de Ollendorf que truena su chicharrón en la penumbra, en un sitio muy parecido al tétrico podio de los constituyentes de 1857 en Palacio Nacional, poseído por el espíritu del Nigromante, de Ponciano Arriaga, en donde se invoca a los héroes de Reforma, la extraviada alma de una Nación escarnecida.

Ollendorf atiza los odios del Cartel de Jalisco, para hacerlo responsable de todas las masacres y, de una vez por todas, para que se cargue a ese dolor de cabeza que es Enrique Alfaro, antes de que encabece un frente amplio en Occidente que derrote de calle a Morena. La elección de junio vale todas las misas y funerales.

Nada es más importante que el empeño del Caudillo por robarse la elección intermedia, asegurar su mandato febril y consolidar su reelección. Saldar las cuentas consigo mismo, solucionar su maltrato infantil, ser el verdugo personal de su memoria, el enano del tapanco que vence en fiera lid mortal a sus molinos de viento, a los verdugos de sus atormentados recuerdos.

La única recuperación que realmente le importa es la electoral

Ceñirse de nuevo la corona de la omnipotencia, aunque deba tomar posesión sobre una montaña de muertos que den fe de su victoria. Aunque deba seguir rindiendo informes ñoños de su actuación frente a auditorios poblados de almas muertas, de vacíos y de ecos sonámbulos, micrófonos acomodados al tamaño de su grandeza inocua.

La única recuperación que realmente le importa es la electoral, no la sanitaria, ni la alimentaria, ni la productiva de progreso. Todas se tienen que someter al supremo objetivo de la razón de Estado –de su Estado–, que corre paralela a las ansias de poder del enajenado anaranjado del Norte.

La expresión del Caudillo local es la imagen viva de la frustración y la rabieta. Su lenguaje se atasca cada vez más en el lodo de las mulas necias, en el camino perdido, presa de un ambiente que huele enrarecido y es letal por necesidad. No hay salida para este agitador envejecido, pues ya no puede olfatear los vientos favorables, sólo se deja llevar por los de fronda.

No importa que los militares se dejen abofetear por los delincuentes

Los idus de junio torturan su cabeza. Está a punto de decirle adiós al poder, sin haberlo ejercido en bien de nadie. Destruye la moral de las Fuerzas Armadas, transloca los principios constitucionales, exonera a indeseables, amnistía y perdona a los auténticos enemigos y carga con toda la furia sobre los indefensos y los pobres de siempre. Sustituye el desarrollo y la redistribución del ingreso por el asistencialismo rupestre y la dádiva, de arriba hacia abajo, apretándole el cuello al ganso.

No importa que los militares de dejen abofetear por los delincuentes, mejor éntrenle a los negocios, construyan centrales avioneras, los bancos del bienestar, los cuartelillos de la Guardia Nacional, las obras públicas de piojito, las que no interesen a Slim… siempre hay niveles.

Designó a Meade y a Videgaray como asesores estrella del T-MEC

Gertz, fuera ya de sí y de sus atribuciones, jura por la cruz de su parroquia que ya terminó, él solito, con la verdad histórica. Nuevas pistas concluyentes para empinar al basurero a Zerón, a Videgaray e incluso al jefe de éstos en la ordenada carnicería de Ayotzinapa. Cada uno abre la boca de la manera más irresponsable y ridícula.

Pues mientras él jura una falacia, en Palacio Nacional el verdadero Ollendorf designa a Meade y a Videgaray como asesores estrella del T-MEC, con el fin ilusorio de doblarle las manos al yernito de Trump. De pena ajena. Ollendorf es incansable en las pifias. Trabaja desde un gobierno en la sombra, destartalado, dirigiendo una sinfonía macabra, aniquilando a un país entero a base de sofismas, de una semántica infame, dirigiendo los altos registros de un coro que glorifica el asesinato, la traición, el prevaricato y la colusión para el desfonde total.

Y Lozoya manejará los bártulos bajo la inspiración de Ollendorf

En un país donde un día ultiman a un periodista, otro día a un activista, otro día a un juez, otro día queman vivas a quince personas, otro día dejan 14 cadáveres al borde de carretera, otro día masacran a 28 jóvenes en un anexo de AA… sigue sin pasar nada.

Un juez de distrito ampara al ratero del huachicol, el general Trauwitz, compadre de Peña Nieto, con las disculpas de rigor le regresan todas las maletas supuestamente congeladas, mientras otro, en el puro lenguaje de Ollendorf, libera al Mochomo, eje de la nueva narrativa histórica de Gertz. El inculpado Lozoya manejará los bártulos con los procedimientos que le inspire Ollendorf. Todo sea para ganar las elecciones.

Hasta el Consejo Coordinador Empresarial opina que el nuevo Tratado no es una varita mágica. Se requiere algo más que verborrea y justificaciones a una visita extranjera inopinada.

Todo sea para rendirle homenajes al tirano Ollendorf, reencarnado en un lenguaraz, que ya no sabe qué hacer para seguirle haciendo daño a todos, sin mirar a quién.

¿No cree usted?

 

Índice Flamígero: Aunque Ollendorf está presente a diario en casi todos los tópicos es en el de la pandemia donde mejor se manifiesta. Vea usted si no es así. Hugo López-Gatell, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud, pidió a la población — la noche del 5 de junio– no salir de su casa ya que la epidemia por Covid-19 se puede perpetuar y volverse más grave. “En este momento, todo el país está en semáforo rojo; no salgan de sus casas, que no abran las empresas, que no abran los comercios que no sean esenciales; no hay una justificación de ello y se puede poner en peligro de que la epidemia se perpetúe, se haga más grave”, comentó. Tan sólo seis días después –el 11 de junio– el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, conminó a la sociedad mexicana a salir a las calles, a abandonar el confinamiento, a superar el miedo. El Jefe del Ejecutivo hizo el exhorto a los ciudadanos justo en los días en los que se registraban cifras récord de contagios

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