Tlahuelilpan y la dimensión social del huachicol

Tlahuelilpan y la dimensión social del huachicol

La necesidad es la madre de todas las ignominias

Crisis económica, pobreza e impunidad, son los tres factores que han propiciado la socialización de los actos ilegales, es decir, que poblaciones casi completas, se conviertan en la cabeza de turco del crimen organizado.

Las condiciones de miseria (a lo que se agrega la percepción de que es imposible salir de las mismas), en la que viven millones de mexicanos son terreno fértil para que los malosos, en complicidad con muchos políticos, constituyan ejércitos de ‘siervos de la gleba’ para todo tipo de actos ominosos, desde destazar vacas a pie de carretera hasta ‘ordeñar’ ductos.

Quien no lo requiere, no acude bidones en manos a llenarlos a un ducto pinchado. Quien no lo precisa, no ‘torea’ carros en una autopista para llegar al tráiler accidentado. Quien no lo necesita, no trasiega miles de kilómetros para buscar trabajo.

Entendemos que hay casos en los que la conducta criminal se origina por desórdenes sicológicos (los gobernantes corruptos, por ejemplo), pero estas masas descontroladas que delinquen cobijadas en el presunto anonimato, son víctimas de las circunstancias.

En Tlahuelilpan no murió ningún funcionario de PEMEX, ningún dueño de gasolineras, ni el de la flota de transportes, murieron aquellos que son utilizados como peones por los que se resisten  a dejar la lucrativa transa, mostraron lo que son capaces de hacer.

Los pobres se quedan en medio del juego de vencidas. Pobreza económica e institucional.

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