Voto luego pienso

Voto luego pienso
Cuando se siembre pobreza, sólo germina odio

En cuestión de horas, estaremos haciendo fila para sufragar en una serie de procesos electorales concurrentes que serán un hito: se profundiza la 4T o comienza a desmantelarse.

La percepción señala que los actuales, serán comicios plebiscitarios: si o no al presidente López Obrador. Eso sí, cabe la posibilidad de que ninguna de las dos tendencias se imponga con suficiente claridad, por lo tanto, los poderes meta constitucionales del Ejecutivo le permitirán seguir adelante con su proyecto.

En cualquier sentido, la emisión del sufragio no se corresponde con la realización de un análisis ponderado del quehacer gubernamental, las motivaciones se inscriben, en mayor medida, en el ámbito de las filias y las fobias.

Aunque esto suena como una verdad de Perogrullo, es el quid de la cuestión. Veamos.

Al margen de quien resulte ganador o tengamos algo parecido a un empate, el lunes 07 de junio el país seguirá igual: fracturado. Ninguno de los bandos cederá un milímetro, así pues, pareciera infructuoso el bochinche vivido en los últimos tiempos.

Este país, más allá de toda la parafernalia de las ofertas electorales (muchas de las cuales, se inscriben en el terreno de las babosadas), lo que requiere es reconciliarse, sin embargo, lo que observamos, es el intento no de ganar al adversario, sino, de aniquilarlo.

No votamos por nuestro favorito, sino, en contra de lo que reprobamos.

En fin, todo indica que vivimos los tiempos finales de una descomposición que, sin duda, inició hace 500 años, poquito más, poquito menos.

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