
La alerta del chat sonó, el avatar no permitía identificar al remitente. ¿quién eres? preguntó…por respuesta obtuvo un lacónico: soy lo que he hecho
La fecha de nuestro cumpleaños puede ser abordada desde varias perspectivas: si se tiene salud y una vida razonablemente amable, se festeja con normalidad, si hay éxito económico y exultación desbordada, tiramos la casa por la ventana. Por el contrario, si hay pobreza, enfermedad y otro tipo de miserias humanas, no hay mucho o nada que disfrutar.
No obstante lo anterior, pocas veces nos preguntamos si en realidad estamos “cumpliendo” años o solo los acumulamos. Esta revisión solemos pasarla por alto porque implica asumir una posición autocrítica, mucho menos la comentamos con alguien, para no ser acusados de encontrarnos es una “crisis existencial”, esos males del alma sólo son para la gente “débil”.
En términos literales, cumplir significa realizar una acción, cumplir con los padres, en los estudios, con las ideas, en fin, pueden ustedes agregar lo que consideren, desde luego, la palabra también define el hecho de registrar un día, un mes o un año más de vida.
Pero en todo caso, para no convertir la fecha de nuestro nacimiento en un acto mecánico, resulta interesante que nos planteemos si hemos cumplido en algún grado con nuestros objetivos de vida.
Es obvio que nuestro país tiene un sistema político y económico que suele cancelar las aspiraciones de buena parte de sus habitantes, la igualdad de oportunidades se remite a los discursos oficiales, en la realidad, vivimos en un entorno social brutalmente excluyente, a esto agreguen la corrupción e impunidad, dos situaciones que contribuyen a profundizar la crisis nacional.
Claro está que este escenario no es exclusivo de México, basta constatar el fenómeno de la migración a nivel mundial, para confirmar que no hay mucho lugar para donde hacerse.
Por lo tanto, en virtud de que el contexto civilizatorio no es algo que podamos resolver en lo individual, solo nos queda revisar nuestros actos en el fuero íntimo, sobre el que, en teoría, tenemos mayor posibilidad de control.
La importancia de este ejercicio lúdico (no se trata de martirizarse, lo ideal es que se convierta en un divertimento), nos podría llevar a mejorar la forma en que nos relacionamos con las y los otros, esto es una asignatura que nunca vamos a concluir pero que requiere de un dinamismo permanente de reinvención.
Hay situaciones que no demandan un gran esfuerzo, nada más pequeños ajustes, por lo tanto, no podemos usar como pretexto aquello que dice: “árbol que crece torcido, jamás su tronco endereza”, este tipo de determinismos son contrarios a la dialéctica del ser humano.
Cambiemos, situémonos en un movimiento permanente que influya de forma positiva en nuestro estado de ánimo. Participemos en la vida política, debatamos con fundamentos. Leamos más, informémonos. En fin “cumplamos” años, no los amontonemos. Recuerden que a los que nos gobiernan, les fascinan las mujeres y hombres apoltronados…un año más de vida ¿misión cumplida?
