
La memoria de los políticos funciona como la moda: solo lo que les acomoda
Alrededor de 46 años pasaron entre la matanza del 2 de octubre de 1968 y la de Iguala que ocurrió la noche entre el 26 y 27 de septiembre de 2014, ambos crímenes de lesa humanidad representan un quiebre en la historia de México.
En 2015, las manifestaciones de conmemoración, solidaridad y para exigir justicia por el 68 y los 43, se dieron en muchas ciudades de México y el mundo, se confirma que los hechos están presentes en la memoria colectiva.
Estos sucesos, son la expresión de un sistema político en descomposición. El primero, las evidencias así lo indican, fue ejecutado por paramilitares, el segundo lo perpetró el crimen organizado en contubernio con autoridades de los tres niveles de gobierno. En los dos casos, si miembros del Ejército no participaron, por lo menos fueron omisos.
Para efectos de nuestro comentario, no entraremos en el análisis de los postulados ideológicos que impulsaron e impulsan las protestas estudiantes, si son viables o no.
Lo trascendente y que nos debe involucrar a todos al margen de filias y fobias, es que no existe justificación, ni bajo las “razones de Estado” (ni porque sean “revoltosos”), para matar gente a mansalva y peor aún, que los crímenes y/o genocidios, queden impunes.
¿Dónde estuvo el Estado mexicano cuando ocurrieron estas masacres y en las subsecuentes acciones para aplicar justicia?
Los clásicos afirman que el monopolio de la violencia es propiedad, justamente, del Estado (no sobra aclarar que para combatir la inseguridad, no para reprimir la protesta social), entonces, si estas barbaries no son responsabilidad del Estado ¿estamos frente a un Estado fallido que las permitió?
En este contexto, es inconcebible descubrir que la clase política que ha gobernado este país, como dijo The Financial Times, no entienden que no entienden…o se hacen los “austriacos”.
A casi medio siglo de la Matanza de Tlatelolco, la prioridad del gobierno y sus contertulios, radica en “abaratar” el costo de la telefonía y la energía eléctrica (aunque por otro lado cobren impuesto a los tacos dorados del Oxxo), en permitir la inversión privada en Pemex y la CFE, además de comprarse una buena “casita” (con facilidades, claro está), para cuando llegue el momento del retiro.
Pero ¿alguna vez se han fijado como meta acabar con la impunidad?...la respuesta es no, ante la podredumbre de la procuración de justicia dan palos de ciego.
En las dos atrocidades, la responsabilidad del Estado mexicano radica, al margen de otras consideraciones, en su incapacidad para impedirlas y ya sucedidas, en su negligencia para llegar a la verdad histórica.
Las elites del poder en México si olvidan el 2 de Octubre y Ayotzinapa…por supuesto.
Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
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