Transparencia: en peligro de extinción

Transparencia: en peligro de extinción


Rendir cuentas a los ciudadanos e informar sobre el uso de los recursos públicos nunca ha sido el fuerte de los políticos y los gobernantes. Por el contrario, es un tema que les molesta y que cada vez que pueden, intentan minimizar y hacer a un lado de la agenda pública.

Por ello, si algo podrá reconocerse históricamente como un logro de la administración de Vicente Fox es la promulgación de la Ley Federal de Transparencia y la creación del Instituto Federal de Acceso a la Información. Por primera vez, en México había un instrumento para que los servidores públicos fueran obligados a dar a conocer al ciudadano común y corriente cuánto ganan, en qué utilizan el presupuesto de que disponen, cómo y con quién firman contratos para la realización de obras, etcétera.

En las entidades federativas se replicó este mismo esquema, no sin encontrar grandes resistencias. En Veracruz, por ejemplo, la primera ley de acceso a la información que se aprobó, al final del gobierno de Miguel Alemán Velasco, era inoperante, inservible. Ni siquiera contemplaba la creación de un órgano garante de este derecho consagrado en el artículo 6 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Fue en la primera mitad del sexenio de Fidel Herrera que se enmendó este error y se volvió a legislar en la materia, gracias a que en ese entonces en el Congreso veracruzano no había mayoría absoluta para ningún partido y se tuvo que privilegiar la negociación para alcanzar acuerdos. Así, al momento de ser creado, el Instituto Veracruzano de Acceso a la Información (IVAI) tuvo una composición plural que le otorgó credibilidad a sus actos, aunque su eficacia fue, y es hasta ahora, de regular a pobre.

Y es que aunado a las presiones políticas para reservar y evitar dar a conocer la mayor cantidad de información pública posible, el mayor problema del IVAI es que poca gente sabe que existe. El ciudadano de a pie no tiene idea de que puede solicitar al gobierno información sobre la manera en que dispone del presupuesto, y que si éste se niega a proporcionarla, puede recurrir a un organismo que lo obligará a hacerlo.

La existencia del IVAI es uno de los secretos mejor guardados de Veracruz, porque así le conviene que sea a quienes están en el poder y no quieren ser examinados en su proceder. Y conforme la pluralidad fue perdiendo terreno en la conformación política de la entidad, también perdió espacios en organismos “autónomos” como el IVAI y el IEV.

En este momento está en proceso la elección de un nuevo consejero del IVAI, luego de que concluyera la gestión de Rafaela López Salas. Sus posibles sustitutos son Fernando Aguilera de Hombre, quien es parte de la estructura del Instituto, donde se desempeña como secretario de Acuerdos; y Rodolfo González García, abogado cuenqueño que ya fue consejero electoral y secretario ejecutivo del Instituto Electoral Veracruzano. Había una tercera opción, Laura Rodríguez Ramírez, que estaba incluida en la terna que el Ejecutivo envió al Congreso, pero no se presentó ante los legisladores para exponer su propuesta de trabajo, sin que a la fecha exista una explicación sobre el motivo.

El futuro de la transparencia en Veracruz es incierto. El órgano “garante” luce débil y sometido a los intereses del poder, que ha demostrado que prefiere mil veces la opacidad.

Por desgracia, es parte del retorno de las viejas formas de gobernar y hacer política.

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