Mi amistad con Estrella del Valle es de las pocas cosas que puedo presumir después de pasar los cuarenta. A ella la conocí hace varios años, no voy a decir cuántos, en los tiempos en que ella laboraba en la Biblioteca de la Ciudad de Xalapa, Veracruz. Para ese entonces yo iba a un taller de literatura donde liberaba mis precarias aspiraciones por ser escritor. De hecho, desde ese autoimpuesto año sabático, en que no asistí a la universidad, ni trabajé, ni hice nada de “provecho”, mi único escape era ir a la biblioteca. En ese año leí más libros que todos los que he leído en los últimos 10 años. Leía de manera compulsiva y asistía a cualquier presentación o lectura de poesía o cuento.
Me hice aficionado a las bolitas de melón con jamón serrano que daban en los ambigús después del evento. Por esos años conocí a Estrella del Valle. Era tan joven que cualquiera la hubiera confundido con adolescente. Pero un día en una lectura en la Galería del Estado, ahora Galería de Arte Contemporáneo, Estrella fue invitada a leer sus poemas y cuando se puso de pie para la lectura; una pequeña de no más de cinco años se aferró a su pierna y no se zafó de ahí, por lo que Estrella tuvo que leer con su hija Nahui aferrada a su pierna.
A finales de los 90´s me entró por dejar mi trabajo de taxista para irme a la Escuela de Escritores de la SOGEM. Cuando Estrella se enteró me dijo que también se iba para allá. Presentamos el examen y quedamos en la misma clase. Ella vivía en un departamento de la colonia Peralvillo. Yo vivía por la calle de Tezontle, en la delegación Iztacalco. Vivía en una casa tenebrosa de la que al final me salí por un asunto macabro que todavía no estoy listo para narrar. Entonces me mudé a un hotel cerca de la Calzada de los milagros. El hotel tenía por nombre Villa Rica. Uno, que llega de Veracruz se siente inmediatamente identificado con el nombre. Pedí una habitación y me preguntaron si me iba a quedar toda la noche. Me pareció obvia la pregunta y les dije que sí. La realidad la descubrí al día siguiente; me había hospedado en un motel y la candidez de mi solicitud de habitación le cayó tan bien al administrador que dejó que me quedara. Ahí pasaba tres días y tres noches en la ciudad de México mientras cursaba estudios de literatura.
Juntos en la ciudad de México visitábamos con regularidad a Hugo Gutiérrez Vega en La Jornada. En el camino pasábamos siempre cerca de un Oyster Bar en Polanco. Nuestra ilusión era tener algún día el dinero suficiente para entrar a ése, que nos parecía un restaurante sólo para privilegiados; nosotros viajábamos en metro y comíamos en fondas. Ya nos conocían en las redacciones de cultura de El Universal y de Excélsior. Las tardes libres nos íbamos a los banquetes de presentación en La casa del poeta o en Casa Lamm, donde nunca faltaba alguna celebridad.
Como dije, Estrella del Valle vivía a unas cuadras del motel donde me hospedaba. Una mañana que escaseaba el dinero fui a su departamento para desayunar con ella. La puerta estaba abierta. La llamé por su nombre, me dijo que estaba en la parte de arriba. Subí, el departamento era pequeño. La vi en la computadora, acababa de escribir un poema. Le pedí que me lo leyera. Por adopción ese poema me pertenece y ella lo sabe. “Ese hombre tiene en su cuerpo/el olor de la uva fermentada/y es mío./De su boca bebí el vino/que derramó en sus palabras; /en su cuerpo fui ebria y él en mi zumo./Mi señor, es mío mío,/porque me llamó doncella entre todas las doncellas/y lo llevé a mi lecho,/me conoció amada y dulcísima, /me conoció en toda hora del día/y de la noche,/me conoció sierva y gran samaritana./Aquél,/es brasa que no apagan los mares,/es miel de las colmenas,/es el fruto prohibido./Él es señor de todos los hidalgos,/es gloria de todas las batallas,/es rey de reyes/y lo hice mío”.
Ese poema con el tiempo formó parte de un volumen al que ella tituló La cortesana de Dannan. En el año 2000 con ese poemario ganó el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde.
El último de los poemarios que ha escrito me cautivó por la empatía que muestra, por la voz que no calla, por el compromiso que no fenece. Vuelo México-Los Ángeles, puerta 23 es la voz de miles de mujeres indocumentadas que buscan el sueño americano y que tienen que conformarse con sólo mirar en las vitrinas de las tiendas las prendas que las personas ricas han de vestir.
Y es que Estrella del Valle vive en los Estados Unidos desde 2005. Sin embargo está muy consciente de las cosas que pasan en este país. Hace unos días me mandó unos poemas. Resulta que la Universidad Popular Autónoma de Veracruz editará una antología de su obra poética.
Estrella del Valle está de visita en México. El día miércoles 9 de abril estuvo en la capital donde sus amigas le organizaron un recital poético; el martes 12 de abril estaré con ella y otros amigos en la ciudad de Tlaxcala a invitación de Isolda Dosamantes y el sábado de Gloría estaremos con Silvia Tomasa Rivera.
Son muchos años ya de amistad con Estrella del Valle, años en que hemos compartido muchas tardes de lecturas, de charlas, de hazañas, de dolores, de sueños que se cumplieron, de decepciones que poco nos duraron y de batallas perdidas que nunca nos derrotaron. Son muchos años donde la amistad y la poesía forman un vínculo que nos une y nos comunica.
Bienvenida a México Estrella del Valle.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
