Apenas habían pasado unas horas de la balacera en Reynosa cuando llegamos a la ciudad de Tampico en Tamaulipas. Acudí invitado por la Universidad Autónoma de Tampico a dar una conferencia sobre los “Riesgos de ejercer el periodismo en Veracruz”. Habíamos salido el día anterior por la tarde. Se nos hizo de noche en el camino y no tuvimos valor de viajar directo a Tampico, por lo que tuvimos que pernoctar en Álamo, teniendo como guardián al Colotero, esa hermosa escultura del hombre que derrama naranjas como bolas de oro.
El clima en Tampico era de llovizna, por ello nuestra estancia fue agradable. Había una cierta calma tensa, seguían llegando las noticias de las balaceras que, como la peste, se acercaban poco a poco a la parte sur del estado. La gente en las calles estaba tranquila, los jóvenes en la universidad transitaban su rutina sin sobresaltos. Ese mismo día por las redes sociales se habló de otra balacera en una ciudad más cercana.
Después de mi conferencia me acerqué a los compañeros periodistas que habían acudido y les pregunté: ¿cómo es posible que estando tan cerca Reynosa, en Tampico las cosas marchen tan tranquilas? Primero me corrigieron, Reynosa no estaba tan cerca, distaba a muchas horas de ahí. La siguiente respuesta me conmovió. «Aquí todo está tranquilo porque todos pagamos cuota», me lo dijeron con la naturalidad de un hombre que describe el paisaje.
De modo que, aunque parezca que todo está en calma en una ciudad, es por el subsuelo, por el drenaje de la corrupción, por donde circula la maldad.
En esta semana que termina Tampico, esa ciudad tan en calma que visité se encuentra viviendo el infierno. Los grupos que se disputan la plaza se han enfrascado en una guerra donde los que ganen se quedarán con el territorio y con los despojos.
El Gobierno Federal es solamente un convidado de piedra; al menos eso es lo que se espera. Lo grave sería que el Ejército o la Marina tomaran partido por algún bando. La policía estatal por lo regular se pone de parte de quien tiene la plaza tomada. Los ciudadanos son rehenes y la advertencia es que ni siquiera se les ocurra salir a la calle «para que después no se quejen y salgan con sus mamadas de siempre que quedan en fuego cruzado y son inocentes». Si esto no es un síntoma de un Estado fallido, entonces no sé qué lo será.
Pero en Michoacán, los ciudadanos no son pasivos; desde hace mucho tiempo han tomado las armas para defenderse de los grupos delincuenciales. Han tenido logros importantes; han recuperado muchas plazas y han obligado al gobierno a actuar como un verdadero garante de la seguridad. Sin embargo, ya avanzada la lucha, ya liquidados varios jefes de los grupos de delincuentes, el gobierno, como si las autodefensas tuvieran la misma categoría que Los Templarios, ahora buscan desarmarlos para regresarlos a la completa indefensión.
La definición que algunos han dado sobre un Estado fallido tiene que ver con la incapacidad de un gobierno soberano para brindar garantías de seguridad económica, política, social y de integridad física. Las primeras garantías que brinda el gobierno de México son endebles. Hasta hace poco, en la frontera norte, el limón alcanzó precios de más de 80 pesos el kilo. Hay que recordar que muchos alcaldes, incluso candidatos a la gubernatura, han sido asesinados por estos grupos delincuenciales originando con ello verdaderas crisis políticas. En los últimos días se ha difundido la noticia de que México es el país más peligroso para ejercer el periodismo. Por último, la prueba más contundente, es la indefensión en que se encuentran los habitantes de Tampico, que sólo esperan a ver quién gana esa guerra para saber a quién han de brindarle tributo; mientras el Gobierno estatal y el Federal, como si estuvieran en un palenque, esperan a que la pelea termine para saber qué gallo es el que se quedará con la plaza. Otra vez, si esto no es un Estado fallido, no sé qué lo será.
Postdata 1: Isadora de Norma Yolanda López lleva talento infantil a Nueva York
Hay que felicitar a los jóvenes bailarines veracruzanos que han logrado destacadas participaciones en eventos internacionales. Hace algunos años, Juan Miguel Fernández Vera, joven cordobés, obtuvo la plata en la competencia de su categoría. En estos días, Dania Paola Gómez participó en el Youth America Grand Prix, de Estados Unidos. Ella es estudiante de Isadora, la escuela de danza de mi querida amiga Norma Yolanda López; felicidades a las dos.
Postdata 2: Xalapa, territorio comanche
Ya son varias las notas sobre balaceras en diferentes puntos de la capital veracruzana. Lo dicho por el diputado José Ramón Gutiérrez de Velasco, presidente de la Comisión de Seguridad Pública en el Congreso del Estado, no nos sirve de consuelo. El señala que el gobierno estatal combate de esta manera a los grupos de delincuentes que quieren tomar Xalapa como su plaza. Tampoco consuela mucho saber que las balaceras ya son cosa común en todo el territorio nacional. ¿Alguien se acuerda de la Xalapa de antes?
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
