Amo mi cuerpo; me ha servido bien,
y de todos modos no le escatimo los cuidados
necesarios.
Memorias de Adriano. Marguerite Yourcenar
A mi amigo Uriel Rosas;
esperando su pronta recuperación.
Aliado que nos acompaña durante toda la existencia, nuestro cuerpo a veces es olvidado y se suele pensar que podemos transitar por esta vida prestándole poca atención. A veces lo consideramos un necio que se queja cada que le viene en gana; a veces lo tratamos siempre como niño y pensamos que se alimenta de las mismas dosis de nutrientes que a los 10, que a los 20, que a los 30, que a los 60. A veces sólo queremos complacerlo y nos entregamos con él a esos paraísos artificiales que lo sedan, que lo mantienen ocupado en su propia satisfacción.
Es menester brindarle los cuidados apropiados, alimentarlo, bañarlo, desintoxicarlo, estar pendiente de su estado de salud, porque de no hacerlo, cualquier proyecto que tengamos no podrá ser realizado.
El cuerpo es el vehículo del espíritu. Dios insufló “aliento de vida” en Adán y este vino a ser alma viviente, cuerpo vivo que se movía a su libre albedrio.
El cuerpo dialoga con nosotros, nos habla de sus apetitos, de su sed, de sus placeres, pero también nos cuenta de sus inconveniencias. A veces sólo son susurros, a veces señales de alerta, pero hay ocasiones en que el cuerpo nos grita, lanza terribles alaridos que nos despiertan en la noche y nos ponen en la antesala de la inexistencia.
Adriano, el emperador, en voz de Marguerite Yourcenar explicaba: “Durante toda mi vida me había entendido muy bien con mi cuerpo, contando implícitamente con su docilidad y con su fuerza. Aquella estrecha alianza empezaba a disolverse; mi cuerpo dejaba de formar una sola cosa con mi voluntad, con mi espíritu, con lo que torpemente me veo precisado a llamar mi alma; el inteligente camarada de antaño ya no era mas que un esclavo que pone mala cara al trabajo. Mi cuerpo me temía; continuamente notaba en el pecho la oscura presencia del miedo, una opresión que no era todavía dolor pero sí el primer paso hacia él”.
No hacer caso al cuerpo nos habrá de provocar terribles consecuencias.
Ya lo hizo público Felipe Hakim en el portal Crónica del poder, mi amigo Uriel Rosas fue ingresado al hospital por causa de un problema cardiaco. Afortunadamente ya se encuentra estable. Su esposa, hijos, amigos y familiares han estado muy pendientes de su estado de salud, lo mismo que el profesor Guillermo Zúñiga Martínez, para quien labora en la UPAV. Si bien lamentamos mucho el trance por el que está pasando, su experiencia puede servirnos para ponernos a pensar en la necesidad que tenemos de atender cualquier llamado de atención que nos haga nuestro cuerpo.
El cuerpo tiene un timbre que suena para ponernos en alerta de los deterioros que a veces cargamos. Pero a veces, como cuando el teléfono suena por las mañanas o por las noches, no hacemos caso. Decimos: “Ya sé quién ha de ser, al rato me comunico con esa persona”. Al final ni eso hacemos, se nos pasa el dolor, creyendo que no volverá, pero la segunda llamada es más fuerte y la tercera, si no hacemos caso de la segunda, puede ser mortal.
A veces, como en el caso de mi amigo Uriel, nos ponemos a pensar tanto en el prójimo que nos olvidamos de nosotros. La generosidad hacia los demás, también debemos mostrarla a nuestro propio cuerpo.
Ya una vez mi amigo Roberto Williams me habló sobre el terrible dolor que le provocó un pre infarto. Ese día Raúl Hernández Viveros fue a la mesa de La Estancia, donde nos reuníamos los amigos de Williams, a darnos la terrible noticia. Roberto sobrevivió el trance sin cargar consecuencias, pero el susto que nosotros llevamos al contemplar su posible ausencia nos consternó.
Asimismo, para los amigos de Uriel la sola posibilidad de su ausencia nos conmueve, nos provoca una terrible desazón, pero al mismo tiempo nos obliga a reflexionar.
A final de cuentas el emperador Adriano puede tener razón: “Esta mañana pensé por primera vez que mi cuerpo, ese compañero fiel, ese amigo más seguro y mejor conocido que mi alma, no es más que un monstruo solapado que acabará por devorar a su amo”.
Claro, si de ahora en adelante somos conscientes de nuestro cuerpo, si somos cuidadosos con su bienestar, seguramente nos dará más satisfacciones que dolores.
Esperamos una pronta recuperación a nuestro querido amigo Uriel Rosas.
Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.
