Carta abierta a un rector utópico, retórico, ecléctico, frívolo

Carta abierta a un rector utópico, retórico, ecléctico, frívolo

 

Raúl Arias Lovillo, tuviste la gran oportunidad de hacer de la Universidad Veracruzana una de las universidades más prestigiosas de nuestro país. Sin embargo, a pesar de que la UV tuvo sus momentos de gloria en el área de las humanidades, con la creación de su casa editorial, por donde pasaron autores de gran prestigio como Gabriel García Márquez, Álvaro Mutis y Sergio Pitol, fue, precisamente durante tu gestión, cuando más se descuidó el área humanística.

Quien lo refiere lo vivió en carne propia. Un servidor cursó estudios en la Universidad Veracruzana en los años 2004, 2005, 2006 y 2007; en todos ellos, Raúl Arias Lovillo, fuiste rector de la Universidad Veracruzana.

En ese entonces comprendí que la universidad está en uno. De haber esperado que tú y tu rectoría se pudieran encargar del rumbo de mi destino, seguramente hubiera terminado frustrado, como muchos de los egresados que creían en tus discursos triunfalistas de rector utópico, retórico, ecléctico, frívolo. No te recuerdo Raúl cerca del área de Humanidades; no sé quién te confundió con hombre de izquierda, si tus intereses siempre estuvieron en la derecha.

Si bien asegurabas la suficiencia en cuanto a materiales e implementos escolares, nunca vi cambios sustanciales y cuando los había, terminaban siendo un gasto oneroso que en nada beneficiaba a los alumnos. Por ejemplo, en el último año que cursé, en el área de la Facultad de Letras redujeron una de las aulas más grandes y cómodas para levantar un centro de cómputo. Tardaron mucho para hacer esa sala y cuando estuvo terminada, al menos durante el tiempo que yo estuve recibiendo clases, nunca vi que la utilizaran. Repito, fue un gasto oneroso e innecesario.

El acervo de la biblioteca del área de Humanidades no creció, desde que entré hasta que salí siempre tuvo los mismos volúmenes; la excusa era que todas las colecciones recientes iban para la biblioteca de la USBI. Tú sólo te parabas por Humanidades cuando la Facultad de Letras rendía homenaje a algún escritor de prestigio. Llegabas al auditorio Jesús Morales y terminado el evento te retirabas como Lot, como si unos ángeles te hubieran dicho que no dieras vuelta atrás para no convertirte en estatua de sal.

Tus deudas con la universidad, poco a poco, se irán descubriendo, son muchas. Qué decir de la difusión cultural. Sólo un par de ejemplos. El programa de Junio Musical que llegó a ser uno de los más importantes a nivel nacional fue perdiendo su prestigio por la falta del apoyo institucional hasta convertirse en una sombra de lo que en alguna época llegó a ser. Esa misma insensibilidad que tuviste, esa despreocupación burocrática, esa frivolidad se la contagiaste a tus funcionarios culturales.

Otra deuda, ésta trágica, y que tendrás que llevar en la conciencia, si es que acaso todavía te funciona, es la muerte del violinista xalapeño Erasmo Capilla. Jorge Vázquez Pacheco publicó, a unas semanas del deceso del artista, un texto en donde denunciaba la insensibilidad de los funcionarios culturales que bloquearon a un artista que era considerado en Europa como uno de los grandes virtuosos del violín. El texto apareció en el número 73 del periódico cultural Performance, con fecha del 20 de agosto de 2008:

«Erasmo vivió con el eterno anhelo de ver a su ciudad convertida en una ínsula del arte musical: en un centro de actividad comparable a Bruselas, la ciudad que le acogió como hijo pródigo y a la que él consideraba su segunda casa. La experiencia del primer festival que llevó su nombre, en agosto de 2006, indicaba que a sus amigos europeos, todos ellos artistas de formidable nivel, les encantó tocar en Xalapa y compartir con un público conocedor y de buen gusto. Erasmo veía en sus cuates del Viejo Mundo, por consiguiente, a los máximos promotores de la capital veracruzana en Bélgica, Holanda, Francia y Suiza. Todo indicaba que realizar ediciones subsiguientes del festival era asunto inevitable. Pero los intentos por la continuidad le cerraron muchas puertas —por increíble que suene—, colmaron de desencanto su ánimo y le hundieron en un estado depresivo que finalmente lo condujo al sepulcro».

Ya con los conciertos programados, ya con los carteles pegados en todos los rincones de la ciudad, ya con las invitaciones hechas, ya con el compromiso encima, tu administración, Raúl Arias, le retiró el apoyo al artista, quien, ante la vergüenza (cosa que tú desconoces) que le provocaba quedar mal con sus amigos, cayó en un estado depresivo que lo llevó a la muerte.

Pero tu deuda no sólo fue con el área de Humanidades, ni con la difusión cultural, también la radio universitaria fue completamente abandonada durante tu gestión. Vale anotar que supiste utilizar a la Radio UV para darte baños de intelectualidad, para presumir un acercamiento con la comunidad universitaria. A pesar de ello, nunca procuraste hacer de ésta una radio de calidad, con los aparatos e instrumentos de vanguardia, con una antena que lanzara su señal a toda la comunidad universitaria en los cinco campus escolares.

En el año de 2005, cuando dabas posesión a Joaquín Rosas Garcés como nuevo director de Comunicación Social de la UV, el periódico Universo señalaba que el rector «dio a conocer que está en puerta el crecimiento en la cobertura de la frecuencia de XERUV, Radio UV y que en breve podría llegar a los cinco campi universitarios extendidos a lo largo del estado, al tiempo que permitirá que estudiantes y académicos de todos ellos compartan experiencias entre sí» (periódico Universo 17 de enero de 2005). Nada de eso cumpliste.

La radio universitaria, donde he colaborado por más de 10 años sin pedir un solo peso, siempre tuvo una señal deficiente, una penetración escasa. Me apena que a unas cuantas cuadras de la radiodifusora, y apenas pasando por debajo de unos cables de luz, la señal se distorsione. Me apena que el esfuerzo de muchos trabajadores de la comunicación, que aman la comunicación, no pase de unos cuantos kilómetros a la redonda.

Respecto a esto vale la pena recordar un dato que anotara en una de mis columnas en donde trataba el asunto de la Universidad Veracruzana: «En octubre de 2011, el periódico Milenio destacaba que tan sólo “el jugador estelar y una de las imágenes de los Halcones UV, Adam Parada de los Reyes, se embolsa mensualmente 312 mil 500 pesos”. Pero para Radio Universidad, una dependencia que tiene más prestigio que el propio rector, sólo se asignan 337 mil pesos anuales, 196 mil para cinematografía».

Tú que te presumías intelectual, nunca entendiste la frase que acuñara Díaz Mirón: «Nadie tendrá derecho a lo superfluo, mientras alguien carezca de lo estricto».

Pero te llenabas la boca diciendo: «Las transformaciones que la Universidad ha conseguido en los últimos años son conocidas sobre todo al exterior de nuestra casa de estudios y es necesario que la sociedad veracruzana y la comunidad universitaria conozcan el impacto positivo que el uso racional de los recursos públicos ha tenido en la institución».

Esa transformación de la que hablabas sólo se puede referir a hacer pasar a la UV de los primeros 100 lugares en el ranking latinoamericano a estar en los últimos lugares, cerca del lugar 150 de las 200 universidades latinoamericanas; ese fue tu tributo, ese fue tu galardón.

Sobre el «uso racional de los recursos públicos», tal vez te estabas refiriendo a tu patrimonio, que, según notas periodísticas, creció inconmensurablemente con departamentos en Barcelona, a donde van los becarios a pagar renta, según convenio con la propia UV, o quizá tus propiedades en Miami, tus colecciones de autos o tus cuentas de ahorro en el banco. Raúl Arias Lovillo, el poder no te hizo poderoso, como todos los mediocres y cretinos, el poder sólo te hizo frívolo.

Ahora te has quedado sin nada, sin el prestigio que alguna vez ostentaste, sin un sucesor sumiso, como alguna vez lo fuiste tú, sin el apoyo de un gobierno que siempre te despreció, sin la comunidad universitaria a la que siempre despreciaste.

Más te vale volver a la Sodoma de tus frivolidades, a la Gomorra de tus simulaciones, más te vale volver la vista atrás, de todos modos, para nosotros, los universitarios, ya eres una estatua de sal.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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