La extravagante apariencia de Javier Duarte

La extravagante apariencia de Javier Duarte

 

A pocos debió pasar desapercibido en la reciente sesión de la Comisión Política Permanente del PRI, en donde se brindó todo el apoyo de ese partido a la iniciativa de Reforma Energética del presidente Peña Nieto, el aspecto inusual de un gobernador que entre todos ellos se distinguía por parecer rebelde, extravagante, valiente y masculino. Ese gobernador era Javier Duarte de Ochoa. En la mesa principal, donde apenas cabían todos los gobernadores y dirigentes nacionales de ese partido, en el extremo izquierdo, si se mira de frente la foto, casi al final, de no ser por Francisco Labastida, junto al joven gobernador de Zacatecas, ahí se encuentra el gobernador de Veracruz, sin corbata, con la camisa dasabotonada y rala barba.

Llama la atención porque todos los gobernadores presentes se encuentran, sin tomar en cuenta el bigote, con el rostro lampiño, la corbata puesta, como guardando las formas que en política son esenciales.

La barba del gobernador de Veracruz es reciente, apenas regresando de unas merecidas vacaciones nos mostró su nuevo aspecto: un rostro con una barba rala. Si fuéramos psicólogos ya estaríamos sacando conclusiones, porque nadie puede refutar que el aspecto de un hombre dice mucho de su personalidad; los comentarios se dan sobre todo cuando el cambio es espontáneo.

La barba, según estudios que se han realizado sobre el tema, puede ser símbolo de sabiduría, de masculinidad, de rebeldía, pero también puede significar falta de higiene, depresión o la necesidad de mostrarse extravagante.

Es raro encontrar un gobernador con barba, al menos en Veracruz no lo recuerdo; quizá sí lo haya habido a principios del siglo XX o finales del XIX. La barba está más relacionada con los militantes de izquierda o con los dirigentes del Partido Acción Nacional. Pero entre los priistas, la barba es cosa rara. Es por ello que debió llamar la atención a los presentes que un gobernador sin corbata, con la camisa abierta y con barba estuviera con ellos en la sesión de la Comisión Política Permanente.

Si tomamos en cuenta las palabras de don Jesús Reyes Heroles, quien dijera que “en política, frecuentemente la forma es fondo”, es decir, que se debe anteponer la apariencia a la sustancia, en una asamblea donde el propósito era rendir culto a las iniciativas presidenciales, un gobernador de aspecto rebelde era cosa de anotar.

Pero la mayoría que conoce a Javier Duarte, sabe que la rebeldía no es precisamente lo suyo. Cada una de las proclamas del presidente Peña Nieto ha sido celebrada por el gobernador de Veracruz como ningún otro; bueno, ante la coyuntura de un Pacto por México, en Veracruz también se firmó un pacto, pero marca “pactito”.

Entonces, si no es la rebeldía lo que Duarte quiso expresar con su desaliñada presencia en esa asamblea, ¿qué cosa fue entonces?

Debemos recordar que recientemente, en el estado se ha cuestionado la autoridad del gobernador de Veracruz. La presencia constante de Fidel Herrera Beltrán, ex gobernador, resta presencia y autoridad a Javier Duarte. Los comentarios de periodistas en el centro país, algunos de los cuales le marcaban como futuro la Procuraduría Federal del Consumidor, todo por los tropiezos políticos y electorales que ha tenido (bueno lo han comparado con un chivo en cristalería) y que han puesto en riesgo algunos de los proyectos presidenciales, digamos el mismo Pacto por México, también han restado autoridad al gobernador Duarte.

Quizá ahí se pueda encontrar la explicación. Una barba, dicen algunos, también otorga, en apariencia, cierta autoridad. Un hombre con barba puede parecer un hombre con coraje y autoritario, un hombre que detenta el poder con puño firme.

Pero sobre el tema de la autoridad, Ikram Antaki dice que es mejor ejercer poco poder pero mucha autoridad. Y la autoridad no se gana con la apariencia, “la autoridad política descansa sobre la legitimidad, esto es, la aceptación”.

Claro, quizá cuando la legitimidad merma, cuando se carece de aceptación, entonces sí pueda ser necesaria una barba.

Lo peor que pudiera significar esa barba es lo que me comentó un amigo, que el gobernador estuviese pasando por estados de depresión. Eso sí sería grave, si tomamos en cuenta que el segundo a bordo es un mal imitador de Fidel, el fantasma que lo persigue.

Círculo Rojo: Héctor Yunes, comerciante sin escrúpulos

Ahora sí que Héctor Yunes se voló la barda al darnos a entender que los que votaron por Peña Nieto “aceptaron la Reforma Energética”. Quizá eufemísticamente nos quiso decir “ahora se chingan”. Héctor Yunes se está portando como un vil estafador, como un comerciante sin escrúpulos. Quizá no vimos que en la boletas electorales de la elección para presidente había letras chiquitas que nos obligaba a aceptar todas las ocurrencias de un presidente iletrado.

Postdata 1: Trabajadores municipales, su mezquino poder

Que alguien diga a las autoridades municipales que deben elaborar un código de ética para todos los trabajadores que realizan obras en las calles. Uno de los puntos de ese código debería decir: “Se debe hacer un esfuerzo por no ocasionar molestias innecesarias a los ciudadanos”. Esto lo decimos porque a los trabajadores municipales les encanta cerrar calles a lo pendejo, obstruir el paso y poner en riesgo a los conductores y a los transeúntes. La mayoría de las veces esas molestias se pueden reducir al mínimo, pero a ellos les agrada ejercer un poder que los engrandece.

Postdata 2: Raúl Arias Lovillo y su “velda”

Dice Arias Lovillo en su más reciente artículo, que ya con ésta se despide. En siete años se propuso de manera arrogante como la voz y palabra de la universidad. Arias Lovillo señala que él dijo lo que se debía decir, “aunque esto no fuera del agrado de algunos”, pues señala que siempre se condujo con la verdad. Qué bueno que no habló sobre sus críticos, pues si el defiende su verdad, nosotros también defendimos la nuestra y por ello fuimos llamados “textoservidores” por este apóstol de la verdad. Ahora los hechos lo desmienten; los aspirantes a sucederlo están diciendo su verdad y ésta no coincide con la de Arias Lovillo.

Armando Ortiz

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