“Manuelito”, niño indígena, discriminación e hipocresía

“Manuelito”, niño indígena, discriminación e hipocresía

 

Viste bien ponerse de parte del desvalido. La gente aplaude esa actitud, nos tacha de “buenas gentes” y encuentra virtudes en donde sólo hay intereses. El caso del niño indígena de Chiapas, Manuel Díaz Hernández, que vende dulces en Tabasco, muestra nuevamente lo poderosas que pueden ser las redes sociales.

A unos minutos de que sucediera el evento del “abuso” y la “discriminación” hacia este niño, ya circulaba por todos lados el video que muestra la supuesta prepotencia del funcionario público que le quita las cajetillas de cigarros al niño, quien por desesperación, llorando arroja los dulces al suelo ya que el inspector tiene la canasta en la mano y al parecer se la piensa confiscar.

El linchamiento no se hizo esperar. Las mentadas de madre fueron lo más suave que se ganara este inspector, muchos querían ya quemarlo en leña verde, o colgarlo de sus genitales. «Por Dios, ¿cómo es posible que alguien trate así a una criaturita nada más porque es pobre y de una comunidad indígena?», decían en las redes, se rasgaban las vestiduras y se arrojaban ceniza en la cabeza. «¡¿Es que no hay justicia en este país?!».

«Hipócritas —diría el Mesías si los escuchara— porque limpian el exterior de la copa, pero por dentro está llena de inmundicias». Que ¿cómo es posible que se trate así a un niño indígena pobre? Pero si eso ha estado ocurriendo desde que los españoles llegaron a estos territorios. Ocurre a pesar de la Independencia, a pesar de la Revolución, a pesar de la solidaridad, a pesar del cambio, a pesar de todo esto sigue pasando y seguirá pasando porque las personas siempre se irán por los hechos superficiales, pero nunca irán al fondo del mismo problema.

¿Es que no hay justicia en este país? Claro que no. La justicia en este país no es ciega, la justicia en este país usa microscopios y binoculares para cerciorarse de que el acusado no sea amigo de un político poderosos o de un gran potentado.

El problema de este país no son los inspectores aparentemente abusivos, ni los niños indígenas vendiendo cigarros y chicles en las calles, el problema de este país ha sido la corrupción de los últimos gobiernos presidenciales. De esos gobiernos que entran sólo a enriquecerse y no a brindar las condiciones favorables para que un pueblo se desarrolle de la manera más equilibrada. El problema de este país estuvo en la perversidad de Salinas, en la ineptitud de Zedillo, en la imbecilidad de Fox, en la criminalidad de Calderón.

Y sigue estando en la mediatización de Peña Nieto, quien ahora anuncia una Cruzada contra el Hambre, una cruzada a favor del empleo y pronto una cruzada por la educación. Todo en vivo y a todo color por el Canal de las Estrellas. Pero una vez que se hagan las tomas y todo aparezca por las pantallas de televisión en los noticieros oficialistas, entonces que se sigan chingando.

Lo mismo pasa con los jóvenes que se suman a la delincuencia organizada. Juzgamos su maldad, su falta de humanidad, su ocio, pero nunca nos ponemos a pensar en cómo fue que este país orilló a muchos de estos jóvenes a buscar la peor alternativa. Ante la falta de empleo, ante la negación de la educación, a muchos de estos jóvenes no les quedó de otra que la delincuencia organizada. «Pero qué malos son, que malditos son», decimos mientras vemos en las noticias que la solución al problema es mandar más soldados a las zonas de conflicto.

Manuel Díaz Hernández —“Manuelito” como le llaman ahora los políticos oportunistas—, el niño indígena del video no debería andar vendiendo chicles y cigarros en las calles si los gobiernos que nos han sucedido hubieran brindado la tan mentada “justicia social”; no debería andar trabajando si se cumpliera la Constitución de este país que señala que todos los mexicanos tienen derecho a la educación; no debería ser abusado y discriminado por las autoridades si en este país no fuera costumbre hacerlo.

El caso de Manuel Díaz Hernández es el súmmum de la corrupción y la injusticia en este país. Y el responsable no es el inspector que tuvo la mala suerte de ser grabado por un ciudadano, porque seguramente ese tipo de acciones es lo que su superior le manda a hacer, el verdadero responsable es el Estado, nuestros gobiernos que no han logrado brindar bienestar social a un pueblo que no se cansa de ser vejado.

Pero viste bien ponerse de parte del desvalido, mentarle su madre al inspector abusivo, postearlo en nuestro Facebook o hacerlo circular por Twitter; después de eso ya podemos sentarnos en nuestro cómodo sofá y creer que hemos hecho mucho por este pinche país.

Círculo Rojo: Vamos a la Feria del libro en la prepa Juárez


Este viernes dio inicio la 24 Feria Nacional del Libro que se celebra en el Colegio Preparatorio de Xalapa. Independientemente de la organización o de las pretensiones institucionales, lo importante es asistir, participar de las actividades: talleres, presentaciones de libros, eventos musicales, pero sobre todo ir a buscar libros, encontrarse con los libros, que es la razón primordial, o debería de ser, de esta feria.

Postdata 1: Teresa de Calcuta, Ángel del infierno

Ante la observación de una persona que me escuchó decir maravillas sobre la Madre teresa de Calcuta, me puse a investigar un poco sobre su labor “humanitaria”. Las sorpresas que se lleva uno. Me encontré con un documental que realizara el periodista inglés Christopher Hitchens, en donde revela el verdadero rostro de esta “santa”. Si se quieren enterar búsquenlo en YouTube como “Teresa de Calcuta Ángel del infierno”

Postdata 2: Arias Lovillo en La Nostalgia de Raquel Torres

Sin querer últimamente me he estado encontrando con el todavía rector Raúl Arias Lovillo. Las dos veces que he ido a desayunar a La Gavia ahí estaba. El día viernes que acudí a un asunto de trabajo con mi amigo Fernando Morales y con Raquel Torres, me lo encontré en La Nostalgia, el restaurante de Raquel donde se cena delicioso. Ya siquiera tiene buen gusto para la comida. Por cierto, en la rueda de prensa que se hiciera para anunciar el programa de la feria del libro, me encontré a Dalia Pérez Castañeda, amable como siempre. Aunque saliendo del Colegio Preparatorio la escuché decir, después de que me saludara: «Ya no se puede una ni enojar». ¿No lo diría por mí?


Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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