¡No hay naco anónimo!

¡No hay naco anónimo!

 

Por su esencia el naco busca la mirada de los demás, los oídos del vecino, la aprobación de su semejante. Para identificarlos algunos dicen que por su forma de vestir se reconoce al naco. Y esto nada tiene que ver con la ropa costosa o barata. Los llamados “tepichulos” y las “guapiteñas”, fauna urbana del DF, muy devotos de San Judas Tadeo, viste de marca en colores tono pastel, calzado Nike o Converse, pero identificablemente son nacos. Hay algo que los distingue, no es ninguna marca oculta, es un letrero que llevan en la frente.

 

Hasta se pudiera decir que el naco, por su escasez de virtudes, utiliza estos elementos distractores, por momentos barrocos, para ocultar sus deficiencias. Pero ser naco va más allá de la forma de vestir. Ser naco es una actitud ante la vida. Es llegar a cualquier escenario como el que llega a la función de cine y grita «ya llegué cabrones», así todos nos damos cuenta de que llegó.

Por ejemplo, si el naco tiene auto, el auto debe ser distinto, distintivo. Por ello, aunque cueste más dinero, hay que ponerle al vocho o al Chevy puertas que se abran como las del Lamborghini, y así mantenerlas abiertas en la acera para que a la gente no le quepa duda de que estacionado ahí se encuentra un naco.

Si no alcanza para ello, hay que levantar al menos el cofre con resortes de fierro, poner a las llantas unos tapones de plástico cromado, que sigan girando a la hora de frenar, y sobre todo el zapatito del primogénito colgado del retrovisor.

No hay naco anónimo, el anonimato va en contra de sus reglas. Por eso hay que ponerse el tatuaje donde pueda ser admirado, aunque sea en la peluda pierna o en el adiposo brazo y andar siempre de bermudas o de camiseta de tirantes para que se vea la obra de arte.

No hay naco anónimo, por eso la cadena de plata o de chapa de oro debe ser ostentosa, apantalladora para que la gente se vaya con la finta y diga: «Mira, ahí va un wey con varo».

No hay naco anónimo. El naco es muy compartido y por ello, cuando está escuchando su música, sube el volumen al máximo para que sus vecinos se deleiten con las canciones de La Banda que manda, Lupillo Rivera, Valentín Elizalde o el Chapo de Sinaloa. El naco cree que todos se lo agradecen. Y si es que alguien se molesta, impermeable a los insultos, el naco suelta la frase que lo define, que lo justifica: «Me vale madres».

No hay naco anónimo. El naco es un ser de costumbres, completamente social. El naco no puede perdonar el domingo sin ir a echar la cáscara con los cuates al llanito; sudar la gota gorda para volver a la casa donde le espera la salsa de chicharrón y la caguama.

No hay naco anónimo. El naco se debe distinguir aunque sea en la oscuridad, en la neblina de lo cotidiano. El naco es nostálgico, vintage dirían los postmodernos; por ello todavía, cuando en su auto echa la reversa suena la música de La Lambada.

No hay naco anónimo. El sueño del naco es más simple de lo que creemos, él sueña con aparecer un día en el programa de la señorita Laura, obtener el autógrafo de Niurka Marcos o que algún día a alguien se le ocurra la fabulosa idea de regalarle en su cumpleaños la serie completa en DVD de La rosa de Guadalupe. Porque la ideología del naco se alimenta de la programación del Canal de las Estrellas, de la televisora del Ajusco.

Políticamente el naco es apático, no le importa quién gobierne, aunque si es guapo, «como Peña Nieto» dirían las nacas, mejor. No pertenece a ningún partido político, pertenece a todos, porque en todos los partidos políticos hay nacos. Y es que la naquedad se democratiza, al darse cuenta que el naco es un sujeto sin complejos, muchos personajes de la política, de la farándula y del deporte han apostado por esta actitud desenfadada. De esta manera el naco ya no solamente es el sujeto de rasgos indígenas, ahora, hasta un güerito de ojos azules puede ser naco, gobernador de Chiapas y hasta tener novia anoréxica.

No hay naco anónimo. El naco va por la calle pidiendo ser mirado, admirado; por ello la gorra y la chamarra con estoperoles, la camisa del club deportivo que le apasiona, las botas picudas, los lentes oscuros y el pelo largo a lo Rigo Tovar, santo patrono de la naquiza popular.

Círculo Rojo: La derrota del PRI en Baja California

Muchas lecturas ha tenido la derrota del PRI en Baja California. En Veracruz, a pesar de la distancia, han sido muchos los analistas que señalan que la derrota puede tener implicaciones en la sucesión gubernamental. Que a nadie asombre que a estas horas todo mundo ande especulando. Sólo cabe recordar que después de 12 años, el PRI regresó a la Presidencia de la República; regresó con los mismos vicios y costumbres. Y uno de esos vicios tan arraigados es el centralismo. Otra vez el presidente tendrá voz a la hora de elegir a los gobernadores.

Postdata 1: ¿Mano negra en la elección del próximo rector?

Que el gobernador será respetuoso de la autonomía de la Universidad Veracruzana. Dice que no intervendrá en la sucesión del próximo rector. Dejará que sea la Junta de Gobierno la que tome la decisión correcta. Puede ser que sí, el problema es que ya algunos candidatos andan cabildeando con el otro “gobernador”, y ese tiene mano negra; bueno, las dos manos.

Postdata 2: No se pierda Mesa Política con el Círculo Rojo del periodismo

No se pierdan el programa Mesa Política con el Círculo Rojo del periodismo veracruzano por www.eldemocrata.com esta vez sólo con la presencia de Claudia Guerrero, Mario Javier Sánchez de la Torre y un servidor. Y es que para estas fechas, nuestra querida Vicky Durán ya debe andar tomando el sol en las playas del Caribe. Saludos.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

 

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