La imbecilidad de Fox

La imbecilidad de Fox

 

En una gira oficial que el entonces presidente Vicente Fox realizó en el mes de octubre de 2001, estaba pactado que visitaría la República Checa solamente el día 11 de octubre, de ahí partiría a Alemania para continuar la gira por Europa. Sin embargo, en el trayecto de una ciudad a otra, Fox contempló algunos faisanes silvestres y encaprichado como niño quiso que algunos de esos faisanes se los obsequiaran para llevarlos a su rancho en Guanajuato. Como eran muchos los trámites que habría que llenar y todo ello se salía del protocolo, le dijeron que su capricho se le podría cumplir pero tendría que ser hasta el día siguiente. Vicente Fox, con su peculiar estilo desenfadado, dijo que no había problema, que por esa causa valía la pena retrasar la gira y esperó en la República Checa un día más para poder llevar los huevos de los faisanes que hoy día sigue presumiendo en su rancho San Cristóbal.

Así se las manejaba Fox, con ese estilo que muchos celebraban, pero que muy en el fondo escondía una minusvalía que a finales del sexenio eclosionó: Fox padecía de imbecilidad.

Los que desconocen el español piensan que llamar a alguien imbécil es una forma de insultarlo. Pero imbécil de acuerdo con la Real Academia de la Lengua es: “Alelamiento, escasez de razón, perturbación del sentido”; pero además significa: “Minusvalía intelectual originada por ciertas disfunciones hormonales”.

La palabra imbécil, de acuerdo con su etimología, significa “sin báculo”, sin bastón. Y se refiere a una persona que carece del apoyo necesario para andar. El diccionario de etimologías de Chile explica: “La sabiduría iba asociada a la vejez, y la vejez tenía la imagen de un señor anciano apoyado en un bastón, por tanto, el que no tenía sabiduría era el que no tenía bastón”; es decir, el imbécil.

En medicina la imbecilidad es un término “actualmente en desuso, utilizado para designar una forma grave de retraso mental, situada entre la debilidad mental y la idiotez, que corresponde a un cociente intelectual de entre 40 y 50”.

Enumerar la enorme cantidad de dislates que cometió Fox durante su sexenio sería demasiado farragoso, bueno, hasta volúmenes se editaron en donde se anotan las frases que hizo famoso el ranchero presidente. Tan sólo el libro ¿Y yo por qué?, que escribiera Andrés Bustamante, “Ponchito, en donde compilaba las 250 frases más absurdas de su sexenio, se agotó inmediatamente.

Entre las frases compiladas están las siguientes: “Sí vendería Pemex, pero no el petróleo”; “Pemex es igual a la virgen de Guadalupe, son símbolos para los mexicanos que deben manejarse con mucho cuidado”; “A María Félix la recordaremos como la gran impulsora que fue del cambio democrático del país”; “Necesitamos la varita mágica de Harry Potter”; “No es un recorte presupuestal. Es ahorrarle dinero a los ciudadanos para entregárselos en inversiones, en obra”; “Honestidad, trabajar un chingo y ser poco pendejo”; “El cura Hidalgo fue un promotor de la micro y pequeña industria”.

Porque entonces, si ya conocemos la imbecilidad de Fox, es decir su minusvalía intelectual, nos molestamos porque ande diciendo que él fue mejor presidente que Benito Juárez. Fox, es un Zaratustra de la estulticia. Quiere seguir siendo presidente, quiere que las cámaras y micrófonos sigan grabando sus estupideces, igual se puedan compilar en otro volumen que ya no resultaría un bestseller.

Por ello dejen que el imbécil de Fox diga lo que diga sin prestarle atención. Que es más veloz que Ana Gabriela Guevara, cierto; que es más guapo que William Levy, cierto; que es más joven que Justin Bieber, cierto; que es más rico que Slim, cierto; que es más “listo” que Peña Nieto, cierto.

Antes bien Vicente Fox nos debería dar lástima y no coraje. Conforme pasa el tiempo nos hemos dado cuenta que su imbecilidad es una discapacidad degenerativa, como la artritis. En poco tiempo su cerebro necesitara una silla de ruedas. Sera incapaz de elaborar oraciones completas y sólo se comunicara con balbuceos. Para ese entonces ya ni el Prozac ni la carbamazepina le harán efecto, entonces, en silencio, comenzará a vivir su propio infierno.

Como José Arcadio Buendía quedará perdido en los cuartos infinitos de su imbecilidad.

Armando Ortiz Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

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