El silencioso calvario de Carlitos Amaro

El silencioso calvario de Carlitos Amaro

 

Carlos Amaro es una persona muy generosa. Es asiduo asistente al taller Libertad bajo palabra que cada semana se celebra en La Quinta de las Rosas. Todavía conservo El carretero de la muerte de Selma Lagerlöf, libro que me regalara hace unos meses; aprovecho para agradecer unos calcetines que en Navidad me obsequió y que me han librado muy bien de andar con los pies fríos.

Todavía en una última sesión llevó un pequeño ramo de flores que me pidió rifara con las asistentes al taller, que esa tarde eran bastantes. De haber podido estoy seguro que hubiera llevado un ramo de flores para cada una; otras veces llega con bolsas de paletas o dulces de los de antes.

Tiene 78 años, más de 40 los dedicó al departamento de Tránsito del Estado de Veracruz. Él era oficial de crucero, pero después, debido a la sordera que hace más de 40 años ha padecido, y que poco a poco ha ido consumiendo su mundo de sonidos, pasó a otro departamento donde se dedicó a arreglar semáforos; hace más de 10 años que se jubiló. Tiene a su esposa y a cuatro hijos, tres mujeres y un varón y supongo también debe de tener nietos.

Le encanta la lectura y por eso lleva más de tres años siendo el más constante en el taller literario. Con él hemos compartido Los santos inocentes de Miguel Delibes, Muerte en Venecia de Thomas Mann, El Gatopardo de Lampedusa, Otra vuelta de tuerca de Henry James, por supuesto El Quijote de Cervantes; me ha acompañado todas las tardes a nuestro encuentro con Borges, con Rulfo, con Paz, con Pessoa, en esa sala de la Casa grande de La Quinta de las Rosas, tan cómoda, espaciosa, tan llena de ventanales que dan al jardín, acompañados por un retrato de la señora Karime Macías de Duarte.

Hace unos meses Carlos dejó de asistir. Después de un tiempo, extrañado, hablé a su casa pues temía que estuviera enfermo. Me contestó él. Me dijo que no estaba enfermo, pero que semanas atrás el aparato auditivo que usa para medio escuchar se le cayó accidentalmente y se le descompuso.

Aun así estuvo asistiendo varias semanas sin escuchar nada. Yo, siempre distraído, no me había dado cuenta de eso. Carlos estuvo asistiendo a pesar de que no escuchaba nada; sólo por hacernos compañía. Pero después de un tiempo se deprimió, ya no era lo mismo, no podía participar, no podía intervenir, no podía escuchar.

Lamenté mucho mi descuido. Le dije que iba a ver la manera de conseguirle un aparato nuevo. A fin de cuentas trabajo para el DIF estatal.

Lo primero que hice fue preguntar qué tenía que hacer Carlos para obtener un aparto nuevo, me dijeron que tenía que hacerse un estudio de audiometría. Conseguí que un lunes por la mañana pudiera pasar sin cita. Pensé que con eso bastaba. Pero no. A partir de este momento —hace ya varios meses— empezó el silencioso calvario de Carlitos Amaro.

Para que le dieran el aparato tenía que aportar un tercera parte del costo de éste, otra parte el DIF estatal y otra parte el DIF municipal. A pocos días de enterado, en casa de Jorge Saldaña me encontré con Juan Antonio Nemi. Le comenté el caso de Carlos y de inmediato me dijo que él tenía los aparatos, que hablara con un tal Krauss para que lo atendiera. Pero la disposición de Toño Nemi, que siempre fue buena, se frenó frente al burocratismo del señor Krauss, que lo único que hizo fue mandarnos a cada una de las instancias donde nos podían atender, como si su oficina fuera un simple módulo de información.

Carlos fue a parar al DIF municipal donde le pidieron varios documentos, incluso una foto de cuerpo entero. Ya llevaba su estudio de audiometría, pero como nunca estaba la persona que lo debía atender, le hicieron dar varias vueltas, sin considerar que era una persona de 78 años. Yo esperaba que, habiendo hablado con el director del DIF, se le iba a condonar la tercera parte del costo que correspondía al beneficiario, pero no. Al final, Carlos Amaro, jubilado de la Dirección de Tránsito, con 78 años de edad, tuvo que aportar mil 700 pesos, la parte que le correspondía. A pesar de eso no lograba deshacer el nudo burocrático en el DIF municipal.

Desesperado tuve que buscar a la directora del DIF, tuve que vencer mi orgullo porque en realidad yo no quería deberle nada a la gente del municipio de Xalapa. Afortunadamente me encontré con Michelle Servín, una joven, porque es joven, que ha debido cargar con el estigma que forjaron ciertas trepadoras que fueron cercanas a la alcaldesa de Xalapa.

Sin embargo el trato con ella fue de lo más cordial. No le importó que yo fuera periodista o que en algún momento hubiese escrito notas en contra de la gestión de su jefa. A ella le importó que Carlos Amaro tuviera 78 años, que no pudiera escuchar y que por ello se estuviese perdiendo de las lecturas en el taller de La Quinta de las Rosas, actividad que le brindaba mucho placer.

De inmediato me pidió su teléfono y se puso en contacto con él para destrabar su asunto. No me mandó con ningún Krauss, con ningún burócrata, ella misma se encargó del asunto. La familia de Carlos me habló al día siguiente para decirme que Michelle había hablado personalmente con ellos y que de inmediato el DIF municipal había aportado la cantidad correspondiente. Ahora sólo faltaba que el DIF estatal hiciera lo suyo.

La semana que pasó esperaba que Carlitos Amaro pudiera ya tener su aparto auditivo. Pero me dijo que no, que en el DIF estatal se lo iban a entregar hasta el 15 de febrero. No sabemos por qué razón. Tal vez lo manden a pedir a China y como China está muy, lejos pues quizá por eso se tarde en llegar. Tal vez los hagan manualmente en algún taller de reclusorio, donde también hacen muebles y cinturones y por eso se tarden. O tal vez se tengan que hacer todavía muchos trámites. El caso es que Carlitos, quien ya ha padecido un terrible calvario, todavía tiene que esperar más semanas para que le entreguen su aparato auditivo.

Yo lo lamento mucho porque se está perdiendo de la lectura de Memorias de Adriano de Marguerite Yourcenar, de El Libro de los amores ridículos de Kundera, de los cuentos de Raymond Carver.

Yo podría imaginar cómo sería un mundo sin sonidos, yo podría encerrarme en un cuarto oscuro y cerrar mis ojos y tapar mis oídos, tal vez entonces escuchara la voz de mi pensamiento como ahora lo hago mientras escribo estas líneas. Pero no puedo imaginar un mundo sin bondad, sin esa bondad y esa generosidad de un hombre que le otorgó más de 40 años de su vida al estado de Veracruz; no puedo creer que el estado no le retribuya algo, al menos, apurando la llegada de ese aparato auditivo, que significa para él devolverle la quinta parte de su mundo, la parte de los sonidos.

Círculo Rojo: La alianza “cochiperra”

En el programa de radio por internet Alta Política, bautizamos la famosa alianza entre el PRD y el PAN. Primero preguntamos qué animal surgiría de la cruza entre un perro y un cochino y salió el “cochiperro”. Tal vez Abel Cuevas Melo no ande tan equivocado al querer contender sólo con las siglas de su partido, quiere evitar que nazca semejante aberración.

Postdata 1: Quejas ante el IEV, no prosperarán

Por más que mi amigo Uriel Flores o mi estimado Lalo de la Torre vayan y se quejen al IEV por eso de las campañas anticipadas, estas quejas no prosperarán. Y ello debido a las grandes lagunas jurídicas que abundan en el IEV. Así que vaya acostumbrándose a que cualquier hijo de vecino o pretencioso suspirante, ponga su foto atrás de los camiones; a lo mejor la queja prosperaría si fuera por contaminación visual.

Postdata 2: Al diablo con las instituciones

No fue Andrés Manuel López Obrador el que mandó al diablo a las instituciones. Los que encabezan esas instituciones son los que están mandando al diablo a este país. La decisión de la Suprema Corte de Justicia de la Nación es vergonzante. La liberación de Florence Cassez quedará como un hito en la ignominia de este país. La francesa fue a su tierra a presumir su inocencia. A todos los mexicanos nos escupió la cara con esa presunción.

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