
Mi ciudad vio pasar la Navidad, la noche vieja y vio llegar el año nuevo con la expectativa propia de quien no pierde, a pesar de tantos problemas, la esperanza de ver llegar mejores tiempos.
Y habrá de ser, creo yo, por ese optimismo cuasi patológico en nuestros genes, que los xalapeños sabemos disimular tan bien, que creemos, a pesar de los mal que pinta el 2015, que las cosas irán mejor este año nuevo.
Y es que miren ustedes, estimados lectores, que a los veracruzanos nos espera un año electoral en donde ya estamos viendo el brincadero de los políticos chapulines que, otra vez, dejaron botado el changarro que atendían y se van alegremente a contender por otro puesto (que igual si ganan también dejarán sin terminar si les surge otra oportunidad). Además de que nos tendremos que “chutar” las campañas que hagan, sus promesas que nuevamente incumplirán y sus prácticas ilegales para coaccionar los votos de los más pobres, clientes frecuentes de estos eventos fallidos de la democracia jarocha.
También comenzamos el año, otro más como han sido los últimos de los tres trienios municipales anteriores a este, sin un plan de movilidad urbana para Xalapa; digo, uno de a de veras, porque de a mentiritas sí hemos tenido varios, unos, incluso, en los que ha salido más caro su anuncio que el plan mismo y que nunca se echaron a andar.
Y en el ámbito nacional las cosas no andan mejor. El caso de los estudiantes desaparecidos de Ayotzinapa nomás no se resuelve; los padres de los muchachos no le creen ni el Bendito al presidente ni al procurador, la prensa internacional destroza un día sí y otro también las actuaciones de ambos y los Abarca, supuestos autores intelectuales de la desaparición, nomás no terminan de declarar —estarán escribiendo su declaración en punto de cruz, digo, eso explicaría su tardanza.
En las cuestiones económicas el panorama pinta como el clima de Xalapa en esta primera semana: gris. El dólar sube y sube, el petróleo baja y baja; la gasolina ya también subió, no de a poquitos sino de un solo jalón (que al fin y al cabo los mexicanos ya ni respingamos por eso) y los salarios no alcanzan para nada; y aunque ya dijo el Presidente en su “masaje a la Nación” por el año nuevo, que ora sí viene lo bueno y que los recibos de luz llegarán más baratos, hasta no ver no creer.
Pero en fin, ya lo dije líneas arriba, los mexicanos, los xalapeños por ende, somos unos esperanzados irredentos, que pase lo que pase siempre tenemos expectativas muy altas acerca de nuestro futuro, y qué bueno que así sea, pues no se explica de otro modo que a pesar de ser un país saqueado rutinariamente cada seis años, mal gobernado sistemáticamente, rico pero pobre siempre, sus habitantes, o sea nosotros, seamos de los ciudadanos más felices del planeta. ¡Bendita ingenuidad, que no nos abandone nunca!
Tengan todos ustedes, estimados lectores, un excelente año 2015 y que no decaiga el ánimo, que eso es lo único que nos mantiene en pie, aunque sea como la Araucaria de Sebastián, muertos por dentro, pero erguidos y orgullosos.
Alejandro Hernández y Hernández
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