¿Qué me sucede? Nunca había estado tan confundido como hoy. Después de varios días conversando frente a frente hoy no contesta mi sexto WhatsApp ¿me estará evitando o será cierto que tiene en su bandeja su última obra literaria y por eso no me contesta? Reconozco que ella es una gran escritora y magnífica conversadora, deberías escucharla: Te contagia con su entusiasmo y vitalidad, con su imaginación hace que los árboles se vistan de rosa y sus flores al caer se transformen en palabras y vuelen a través de los rayos del sol en el ocaso del día e inunden mi madriguera de "rosa child", con su inspiración crea un arcoíris y forma un puente por donde ella llega y desciende en resbaladilla, sonriendo. De la pendiente hace que escurran acordes cada uno sobre  un color distinto que en  conjunto forman un  pentagrama a veces en Fa otras en Sol, querrás escucharla eternamente.

De repente entra en sus malos días y la invaden sombras del pasado que la llevan a encerrarse en su mundo y nadie sabe lo que pasa por su mente pero deja trazos en su creación literaria que me enamora...es bipolarmente perfecta.

Espera, me acaba de llegar un WhatsApp de ella, veo una carita de enojo...No veremos la luna roja. Voy a contestar con una cita de Benedetti.

A través de la ventana entraron los últimos rayos de sol tornando el azul turquesa del   mar en añil el cual palideció ante el zarco de tu vestido. Afuera la gente en su paseo por el   malecón al mirar la majestuosidad del edificio, iluminado por cientos de luces, veían en toda su magnitud tus enormes rizos caer por abajo de tus hombros. Poco a poco la belleza del mar cedió su foco  quedando frente a mí, el bullicio de la mesa se fue apagando hasta el silencio donde solo tu voz resonaba llenando el espacio  con notas de emoción que viajaban entre la concurrencia  con dirección hacia mí. Me subí en el torrente de emoción y nadé en contracorriente, sentí tu respiración y llegué a tus labios caminando en su contorno cereza, subí a tus enormes ojos y desde ahí me ví atónito frente a ti, viajé a la fuente de tus ideas y llegué hasta tu universo de axones flanqueado por tus impulsos. Me dirigí a tus recuerdos donde vi cofres llenos de tesoros de los que logré abrir algunos y vi lo que tus ojos vieron y sentí lo que tus palmas sintieron: la textura de las hojas amarillentas llenas de palabras que te alimentaron desde tu temprana edad. Bruscamente se me requirió salir, algo inesperado pasó allá afuera ¿qué me pudo haber sacado de tu fuente de pensamientos? A mi pesar, ya de regreso me descolgué de los axones de luz centellante cuyo caudal me trasladó hasta tus ojos donde al arribar el arroyo de luz en difracción perfecta les daban un brillo radiante. Desde esa posición me mire maravillado frente a ti, empecé a comprender la razón que requería toda mi atención, pero tuve que brincar a mi lugar y girar mi vista para terminar de entender la pertinencia de haberme regresado: El cuadro se había modificado, ahora un chal en tono índigo cubría tus hombros, con la noche en tu pelo espeso tan largo que tocaba la mesa y de fondo la ribera cuyo fulgor enmarcando tu enigmática sonrisa le daba un toque místico a tu imagen, fue la expresión de belleza que jamás había visto.

La calle vacía parece mucho más amplia por el terso azabache del asfalto nuevo aun sin delinear los carriles. El viento frío envuelve mis pensamientos haciendo más nítida la percepción de mis sentidos. El olor del jazmín parece más moderado que otras veces, no obstante al inhalarlo me genera el mismo placer de cada encuentro con mi eterna planta que me ve y me despide en el instante de una zancada. Conforme avanzo vuelan mis pensamientos pasando de lo pragmático a lo mágico en una catarsis que solo la adrenalina puede lograr, empiezo a disfrutar de la vida en cada bocanada de aire que inhalo hasta llegar frente al mar y miro el horizonte sin distinguir los tres elementos del universo, un fondo obscuro que no me gusta  llena mi campo. Las dunas sobre el pavimento es el vestigio de una tormenta que pasó o presagio de la que viene, es la obscuridad más negra que no me gusta y trato de salir de ella, mientras más corro más me envuelve su manto. De cara a barlovento la arena obliga a voltear el rostro para ceñir con dignidad el lóbrego tul. La oscuridad más negra antecede la luz.
José Carbente

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