La “revolución cultural” de Mao. Paralelismo con la 4T

La “revolución cultural” de Mao. Paralelismo con la 4T

Entre los intentos cuatroteros de censura a medios y redes sociales existe una notable similitud con la “revolución cultural” de Mao en China (1966-1976), para que, en el caso mexicano, solo la información que se produce en las mentiñeras de Claudia Sheinbaum sean las que reciban las audiencias porque en sus locas cabecitas frías piensan que así las protegen del malvado neoliberalismo y de la, “nociva injerencia” extranjera.

¿Cuál será el siguiente paso? ¿Uniformar a los fachoso youtuberos controlados por Jesús Ramírez para que solo se presenten con trajes de mezclilla, entre más sucios mejor?

Vea usted si no es así: Durante el régimen maoista, la prensa oficialista y las consignas del Libro Rojo se convirtieron en la única fuente de información permitida. Y al eliminar cualquier crítica o cuestionamiento, el gobierno chino pudo implementar políticas desastrosas ocultando la realidad del caos y la violencia generalizada.

Con los medios totalmente capturados, Mao transformó la mentira y la propaganda en políticas institucionales, persiguiendo a intelectuales y periodistas independientes bajo la bandera de eliminar "elementos contrarrevolucionarios". Aquí AMLO nos ha calificado de “neofascistas”, sin siquiera saber y menos entender el terminajo.

Este paralelismo de ataque constante a los periodistas y el intento de sustituir a los medios tradicionales con canales de comunicación oficiales buscan recrear el modelo maoísta de pensamiento único.

Y así, la erosión deliberada de la libertad de expresión ya no es un hecho aislado, sino una estrategia calculada: sin una prensa libre que audite el poder, los gobernantes adquieren total impunidad para desinformar a los ciudadanos, pero también para asaltar y hacer negocios corruptos con el erario.

Por eso, con usted me pregunto si ¿querrán estos lidercillos el retorno a una información unificada? Que otra vez, como sucedía en el pasado, ¿todas las primeras planas de los periódicos y los teasers de los noticieros lleven como nota principal o “la de ocho columnas” las insulsas frases que, como si fueran “para los bronces”, pronunciase el día anterior “el señor Presidente de la República”?

Definitivamente creo que no. Que ni a usted ni a mí nos gustaría regresar a ese pasado que nos emparentaba con aquellas naciones que se decían socialistas y en las que, entre otras cosas, la información se controlaba desde la esfera gubernamental.

Pero, lamentablemente, hacia allá vamos… si no es que antes conseguimos frenarlos, juntos audiencias y líderes de opinión.

No pueden arrebatarte a ti, impunemente, tú derecho a saber y conocer qué es lo que hacen con el dinero que tributas al SAT, por ejemplo.

 

¿Cadenas nacionales de TV?

 

Pareciera, incluso, que hay quienes buscan restablecer las “cadenas nacionales” para que todos los televidentes vean lo que obligadamente les recetan desde Palacio Nacional o alguna de sus dependencias.

¿Qué transmitir? ¿Qué ver y escuchar? El reinecito de Cuarta… pretende decirte qué.

Una especie de limbo pasteurizado que logra evitarle a los políticos enfrentarse a un riguroso interrogatorio. Y viene entonces la pregunta, ¿son las mentiñeras –única fuente de información gubernamental—un derecho o un espectáculo? ¿Un muy ensayado reality show?

Dentro de los parámetros legales que todavía no nos arrebatados, cada cual es libre de transmitir en libertad. Y por supuesto, los televidentes tienen también la libertad de ver lo que les pegue la gana. De apagar la radio y la televisión. De no comprar determinado diario, sino el de su preferencia. Y hasta de bloquear a creadores de contenido en redes sociales que choquen con su pensamiento. Eso se llama, señoras y señores, ¡libertad!

 

Persecución y asesinatos

 

El discurso oficial, amplificado por el “ecosistema” que controlan con embutes desde Palacio Nacional, ha desencadenado entre los cuatroteros hasta conductas criminales.

Un youtubero ofrece recompensas para asesinar al obispo de Aguascalientes… los aliados del régimen de Cuarta…, los narcos y delincuentes desorganizados, han segado la vida de 61 periodistas –47 durante el primer sexenio de AMLO y ya van 14 en este que es segundo, por el que doña Claudia presta el rostro, de acuerdo con registros de Artículo 19.

Y aun así, conociendo el riesgo en el que colocan a los comunicadores –quizá hasta intencionalmente--, desde las mentiñeras se exhibe a periodistas por informar.

El peor ejemplo cunde. Layda Sansores y, entre otros, Alejandro Armenta han colocado mordazas guindas a la libertad de expresión, aunque de dientes para afuera la regenta Sheinbaum afirme que su secta es respetuosa de esa libertad… sin que nadie se lo crea.

Sucede lo mismo que en toda sociedad moderna con administraciones públicas que no son gobierno y que, además, se anclan en el pasado, donde la población tiene derecho a sospechar para llegar a saber con precisión lo que ha sucedido, sobre todo en los asuntos públicos. Es un derecho fundamental oponible ante cualquier régimen político. Al fin y al cabo, la sociedad es la que paga, y la única que puede decidir si perdona.

Pero Sheinbaum, al parecer, ignora que esta es la base fundamental del acuerdo democrático entre el mandatario y el mandante, el pueblo que le confió la administración global de sus haberes, el que depositó su confianza. Las mentiras y las evasivas, profanas o moralinas sólo son, en el mejor de los casos, drogas dulces, simplemente engañifas.

Una mentira lleva a otra, en una cadena interminable. Cuando se profiere la décima, ya no se recuerda la primera. Si, por ejemplo, el emperador AMLO hubiera dicho desde el principio las condiciones que los poderosos le imponían para ejercer el mando en su beneficio, hubiera sido más sencillo el tránsito en el gobierno.

 

Adoran la clandestinidad

 

Ni duda cabe. El apoyo mayoritario se hubiera expresado de mil maneras favorables al electo en 2018 y aparentemente reelecto en 2024.

Pero actuar en la clandestinidad, bajo la permanente sospecha, arroja siempre pasivos y rechazos que no pueden ser superados con justificaciones posteriores, aunque sean verdades de a kilo.

Así, si no se acepta el error básico, éste no puede ser eludido con argumentos surgidos de culpas anteriores –las de Calderón o hasta las de ¡Hernán Cortes!, por ejemplo—y, menos todavía, de lo peor del síndrome autoritario del poder unipersonal, desdeñoso del mandato popular.

En una sociedad moderna, informada, no caben argumentos que ya fueron aplicados en otras épocas, dominadas por la desinformación e ignorancia sobre los asuntos públicos.

Esa fue siempre la falla y la ofensa del régimen presidencialista que ya agotó su viabilidad, su confiabilidad, que ya dejó las huellas de su fracaso en la gobernabilidad pacífica. De nada sirve asumir la responsabilidad a toro pasado. La ofensa al sentido común prevalecerá y jamás será perdonada.

Son bastonazos de ciego peores a los que provocaron el error mayúsculo. Nadie, nunca, es tan infalible y creíble para tomar decisiones que no son aceptadas por la mayoría. El tufo despótico ya no cabe cuando el alud de evidencias, mostradas en todo el mundo, han magnificado el gazapo.

En una época en la que prevalece la inmediatez y la evidencia informativa, Sheinbaum debe andarse con cuidado. Es imposible y fallido actuar en lo oscurito. Todo se sabe al instante en que se produce.

¿O no es así?

 

Indicios

 

Anote usted por favor esta frase del expriísta, expanista y ahora hasta ¡presidente del Consejo Nacional de Morena!, Alfonso Durazo, solo que no se ría sino hasta después de haber llegado al punto final: “Y en estos tiempos en los que la verdad nos interesa a muy pocos y estamos bajo un escrutinio mayor, cada error, cada diferencia interna es amplificada por un ‘ecosistema’ mediático que sigue nuestros pasos y los interpreta con evidente malicia.” La solución, señor gobernador de Sonora, es que no tengan diferencias internas… que no se alíen con el narco… que no roben… que no mientan… y que no traicionen a quienes los eligieron hasta con el apoyo de la delincuencia. * * * Por hoy es todo. Reciba mi reconocimiento por haber leído este Índice Político y mis sinceros deseos de que tenga ¡buenas gracias y muchos, muchos días!

 

 

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