Cuando los ciclos se van

Cuando los ciclos se van

 

El problema de los ciclos no es cerrarlos…sino dejar de vivirlos

Diciembre, de acuerdo al calendario juliano que nos rige, es un mes por excelencia para cerrar ciclos y para hacernos nuevo propósitos.

La palabra ciclo viene del latín “cyclus” y del griego “κυκλος” (kyklos) círculo, o sea, es un periodo de tiempo con actividad circular. En sí y para sí, es una forma de conceptuar el tiempo.

En términos generales, podemos cerrar un ciclo laboral, un ciclo escolar o un ciclo ideológico, incluso. Sin embargo, la pregunta que nos plantearíamos es: ¿qué nos lleva a cerrar un ciclo?

Quizá pueda deberse a la inviabilidad de obtener éxito en determinada actividad, al agotamiento físico, mental o simplemente al surgimiento de una posibilidad que nos abre nuevas expectativas de vida. También, desde luego, al hecho de haber cumplido con todos los proyectos estipulados.

Pero es muy probable que por evasión intelectual, nunca reflexionemos si concluimos un ciclo en virtud de que no lo pudimos realizar, es decir, que tengamos una fuga “hacia adelante” que nos evite encarar la realidad con sus matices de fracaso.

De ser esto último lo que nos lleva a desistir de un objetivo, no cabe duda de que enfrentaremos un déficit ante nosotros mismos, que no podremos subsanar debido a la sensación de pérdida obligada, por omisión.

Esta insuficiencia, nos podría llevar a una repetición de acciones y pensamientos, que necesariamente nos anclaría en el ciclo del cual pretendemos “huir”.

Por ello, aunque el debate es mucho más profundo, el doceavo mes del año es más que: “diciembre me gustó pa’ que te vayas”. Nos situamos ante el “fin del tiempo” que nos oferta la opción de evaluarnos, de conocernos en nuestra forma básica, desnudos.

El tiempo es unos de los fenómenos más complejos que enfrentamos a lo largo de la vida, el momento en que logramos descifrar su cadencia, puede significar un nuevo nacimiento.

En este sentido, cerrar un ciclo puede ser, en realidad, un mecanismo para posponer la asunción de nuestras responsabilidades ante nosotros y ante los demás.

Los humanos “posmodernos” hemos declinado asumir la exploración de nuestros actos sensitivos  y sus consecuencias, nos decantamos por valorar la existencia con base en circunstancias mensurables como: el cuántos satisfactores materiales hemos acumulado.

Los ciclos pueden cerrarse, dejarse inconclusos o no vivirse, pero la tiranía de la memoria es inevitable…siempre estará ahí para recordarnos lo que dejamos de hacer.

¡Venga!, habrá que bajar unos kilos, que fumar y beber menos, iniciar un curso de hebreo para comprender el sentido de la vida, no obstante, debemos proponernos ser más humanos y no pensar en el eterno retorno de las cosas, los ciclos, aunque parezca extraño, sólo aparecen una vez.

Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Twitter: @javieroldan

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