Comparecencias: puro bla bla bla

Comparecencias: puro bla bla bla

 

Así como los informes de gobierno de los titulares del Ejecutivo federal, estatales y municipales fueron convertidos en eventos de lucimiento personal y ególatra fatuidad, en lugar de ser ejercicios de rendición de cuentas ante los ciudadanos, las comparecencias de los secretarios de despacho, al menos en Veracruz, también son una fiesta particular del funcionario en cuestión.

Los últimos años hemos visto cómo la asistencia de un integrante del gabinete del gobernador en turno a la glosa del informe ante los diputados ha perdido sentido. El formato anquilosado, cuadrado y anacrónico de las comparencias no representa en absoluto un ejercicio republicano de transparencia en el uso de los recursos, ni de abundamiento en los datos contenidos en el texto del informe entregado por el Ejecutivo.

Se trata de verdaderas pachangas en las que los funcionarios hasta se han atrevido a llevar porras, mientras unos sumisos diputados priistas les hacen preguntas a modo, y los de la oposición ni enterados están de lo que les están hablando.

¿Y de qué hablan los secretarios en las comparecencias? De los “importantes logros” que hay en sus áreas. De finanzas sanas, de cientos de obras entregadas, de infraestructura educativa y de salud, de una comunicación eficiente e imparcial, de miles de apoyos para las clases marginadas, de programas de reactivación del campo, de millones de pesos en inversiones, de la creación de miles de empleos, de una alta seguridad en territorio veracruzano y de una expedita procuración de justicia.

Y así nos podemos seguir. Es tan predecible el guión de las comparecencias que los reporteros podrían redactar las notas con anticipación, y sólo agregar la cifra oficial que se dará a conocer en la presentación, y por supuesto, el halago que los diputados le expresarán al compareciente por su “brillantísimo” desempeño.

Todo eso a pesar de que en Veracruz la economía está en la lona, que se vive una creciente inseguridad, que el campo está depauperado, que se agrede impunemente a los periodistas, que los jóvenes (y los no tan jóvenes) no encuentran alternativas de empleo bien remuneradas, que la obra pública es mínima, que la corrupción gangrena su sistema de justicia. También, así nos podemos seguir.

Mientras no se obligue a las autoridades a una verdadera rendición de cuentas, a ofrecer cifras reales y verificables, las comparecencias de los secretarios de despacho en Veracruz seguirán siendo un mero show para que los funcionarios lleven acarreados a aplaudirles por lo que dejan de hacer.

Y mientras los diputados no actúen como verdaderos representantes populares y exijan a los funcionarios datos puntuales sobre su actuar (para lo cual también se necesitan legisladores responsables, y que al menos sepan articular dos ideas seguidas), pues seremos testigos eternos de soporíferas e inservibles presentaciones de cuentas alegres que nadie se molesta en corroborar.

O lo que es lo mismo, puro bla, bla, bla.

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