La hidroeléctrica de la muerte

La hidroeléctrica de la muerte



En Veracruz ya no es de extrañar que activistas, defensores de derechos humanos y periodistas que no se someten a los intereses y designios del poder, sean atacados, violentados y hasta asesinados.

El más reciente caso es el de Noé Vázquez Ortiz, integrante del Colectivo Defensa Verde Naturaleza para Siempre y del Movimiento Mexicano de Afectadas y Afectados por las Presas y en Defensa de los Ríos (Mapder), quien fue muerto a pedradas y puñaladas el pasado viernes 2 de agosto en el municipio de Amatlán de los Reyes, en la zona montañosa de la entidad veracruzana.

Vázquez Ortiz era un férreo opositor a la instalación de la hidroeléctrica El Naranjal, que desde 2011 se pretende instalar en la cuenca de los ríos Blanco y Metlac, proyecto que ha sido rechazado por la población que teme se vea afectada la actividad agraria y el entorno natural de la zona.

Precisamente, este fin de semana se llevó a cabo un encuentro nacional en Amatlán de los Reyes para celebrar los diez años del Mapder y reiterar su postura en contra de la explotación de los ríos. Noé Vázquez participaría en el mismo con un ritual para agradecer a la tierra y al agua, para lo cual la mañana del viernes se dirigió al Cerro de la Cruz para recolectar flores, semillas y hojas. Ahí fue atacado y muerto arteramente por otros presuntos pobladores de la región.

Mapder condenó y denunció de inmediato los hechos, responsabilizando a los gobiernos estatal y federal de “causar un clima de tensión y confrontación contra la población y el movimiento que exige justicia y respeto a los derechos humanos”.

La respuesta oficial fue la captura el mismo viernes de los presuntos agresores, a quienes la Procuraduría de Justicia del Estado les imputa la comisión del delito de homicidio doloso. Pero como siempre, aduce que el asesinato se debió a que los inculpados tenían “diferencias personales” con Noé Vázquez “desde hace tiempo”. La actividad profesional o el activismo social nunca son línea de investigación para el gobierno veracruzano.

Sin embargo, hay mucho de fondo en el tema de las hidroeléctricas en el estado. De acuerdo con Mapder, a partir del 2010 se intensificaron los proyectos hidroeléctricos en la entidad. “Hasta ahora se pretenden instalar 112 represas de capital privado. Desde el 2011 el proyecto hidroeléctrico El Naranjal, amenaza el territorio de Amatlán de los Reyes y siete municipios de la región que afectaría a 30 mil personas”.

“Se trata de la hidroeléctrica más importante del estado que podría tener una capacidad instalada de 360 MW. Por las protestas de la población, en la región mantiene un clima de intimidación contra los opositores a la imposición de proyectos hidroeléctricos y mineros”, reza un comunicado del Mapder.

Además, grandes intereses empresariales están detrás de estos proyectos, lo que explicaría la indefensión y la intimidación hacia los opositores. Según documentó la revista Contralínea, la hidroeléctrica de El Naranjal es un negocio privado de Guillermo González Guajardo, uno de los hijos del potentado Claudio X. González Laporte, quien forma parte de la elite empresarial del país.

González Guajardo es propietario de una red de empresas vinculadas al sector energético y que hacen negocios con la Comisión Federal de Electricidad y Petróleos Mexicanos a través de sus subsidiarias. En Veracruz, además de El Naranjal, es dueño de la hidroeléctrica Hidrorizaba y de un gasoducto.

De acuerdo con Contralínea, dichas empresas tienen por objetivo “la generación de energía eléctrica en México para autoconsumo del sector privado”, mientras que sus excedentes de producción “son susceptibles de ser comprados por la Comisión Federal de Electricidad”.

El pasado 5 de junio, durante la conmemoración del Día Mundial del Medio Ambiente, el gobernador Javier Duarte anunció que se cancelaba el proyecto de la hidroeléctrica de El Naranjal, al haberse decretado como área natural protegida la zona Metlac-Río Blanco y Amatlán-Cuichapa.

¿Entonces? ¿El proyecto ha seguido adelante a espaldas del gobierno? ¿Se pretendió darle “atole con el dedo” a los ambientalistas para bajar la presión de las protestas mientras se concreta la instalación de la hidroeléctrica?

No sabemos. Lo único cierto es que Noé Vázquez está muerto. Y su sacrificio podría ser en vano.

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