El declive de la “Atenas” Veracruzana

El declive de la “Atenas” Veracruzana



En los últimos años, Xalapa ha experimentado un descenso acelerado en su calidad de vida, motivado principalmente por la inseguridad, que a su vez es generada por la carencia de oportunidades para vivir dignamente, a menos que se trabaje para el gobierno o en la Universidad Veracruzana.

Así, quienes aquí nacieron y los que llegamos a vivir a esta ciudad hemos visto –y padecido– cómo el lugar donde elegimos desarrollar nuestra vida y criar a nuestros hijos se ha vuelto cada vez más peligroso. Los relatos sobre asaltos en la vía pública, a casa habitación, a negocios, de tan frecuentes, se han vuelto una cotidianeidad más. Ya no nos sorprenden, ni nos llaman la atención. Hasta que nos toca ser las víctimas.

Y es una verdadera lástima que Xalapa, que antes era reconocida como una de las capitales culturales del país, ahora se distinga sólo por su desorden y caos vial, y por la falta de seguridad para sus habitantes, que a plena luz del día corren el riesgo de ser afectados en su integridad física o en su patrimonio, sin que haya autoridad que haga valer el estado de Derecho.

No es necesario andar de noche por algún barrio de los suburbios de Xalapa para ser atracado. En el mismo centro, en las narices de la autoridad, frente a los palacios de gobierno y municipal, a unos metros de la Secretaría de Seguridad Pública, se perpetran asaltos a transeúntes, sin que la autoridad haga algo. Detrás del Teatro del Estado “Ignacio de la Llave”, a unos metros de la Dirección General de Tránsito estatal, opera una pandilla que mantiene asolada la zona, y de la que todos los vecinos tienen noticia, “menos” la policía.

Es inevitable pensar que hay colusión entre los delincuentes y los gendarmes. De otra manera, no se entiende cómo pueden actuar con semejantes niveles de impunidad en una ciudad que desde hace dos años es patrullada incesantemente por elementos policiacos, luego de que se disparara la violencia por el combate a los grupos del crimen organizado.

Si así está la capital del estado de Veracruz, asiento de los poderes de la entidad, donde vive y despacha el Gobernador, ¿qué se pueden esperar en el resto del territorio estatal, en los demás municipios?

Lo más grave es que en lugar de fomentar el arte como una manera de alentar la convivencia ciudadana y como válvula de escape de las presiones sociales, al Ayuntamiento de Xalapa le dio por “aplicar los reglamentos municipales”, y equiparándolos con vendedores ambulantes, en una muestra de ignorancia e intolerancia atroz, pretende prohibir las expresiones de los artistas urbanos en el primer cuadro de la ciudad.

Como si fuera una broma macabra, el gobierno que encabeza Elizabeth Morales anunció que hará una “limpia” de los músicos, bailarines y actores que desde hace años se ganan unos pesos en las calles del centro a través de su arte, que es apreciado por toda la gente que acude a realizar sus actividades ahí.

Pero nuestros gobernantes prefieren que en las calles de Xalapa haya ladrones. Será porque se identifican más con ellos que con los artistas.

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