En desayuno convocado por Otero Ciudadano, una organización que día a día va posicionándose por sus propuestas a favor del bienestar social, el candidato a la diputación federal por Xalapa urbano, Reynaldo Escobar, se presentó para dar a conocer sus propuestas de campaña.
En una introducción emotiva el candidato rememoró su trayectoria laboral que iniciara desde muy joven. Agradeció las oportunidades que le dieran las personas que confiaron en el, tanto en el ámbito privado como público. Habló además de su trayectoria política, de sus puestos relevantes, de su paso por la alcaldía de Xalapa, por la Secretaría de Gobierno en los tiempos de Fidel Herrera, a quien por cierto reconoció como un gran político que le enseñó el manejo de la política. También habló de su paso reciente por la Procuraduría, de las circunstancias que ahí viviera y los problemas a los que se enfrentó hasta el día 7 de octubre en que entregó su renuncia.
Las preguntas que los miembros de Otero Ciudadano le plantearan fueron respondidas con puntualidad. Un hombre que se ha hecho durante tanto tiempo en la política tiene tablas y sabe cómo y qué responder.
Ese es el Reynaldo que se anda presentando en sus mítines de campaña. Un hombre amable, impoluto, dicharachero, que se atreve a decir la palabra cachondeo y que nunca ha ocultado su gusto por las mujeres hermosas.
No faltó quien señalara las bondades y la entereza del candidato, su adhesión sincera y hasta su interés personal.
Todo iba bien hasta que a este periodista, a riesgo de causar malestar al candidato, quien por cierto llegó acompañado de su séquito de corifeos, cuestionó tanta candidez. No era posible que nadie hablara del Reynaldo Escobar a quien la revista Proceso señalara, según investigaciones de la Procuraduría General de la República como “uno de los responsables del crecimiento de La Compañía y de Los Zetas durante el gobierno de Herrera Beltrán”.
La misma revista señala que “Escobar alcanzó notoriedad cuando decidió detener y encarcelar a Gilberto Martínez Vera y a María de Jesús Bravo Pagola dos usuarios de Twitter a quienes la procuraduría acusó de terrorismo equiparado y sabotaje por haber transmitido mensajes equivocados sobre presuntos enfrentamientos entre bandas criminales”.
Por mi parte escribí y publiqué la “Carta abierta al procurador Reynaldo Escobar” en la que cuestioné su actuación y sus amenazas en contra de los intelectuales y periodistas, carta que tuvo mucha difusión. Ante esa inquietud mi pregunta planteada al candidato fue la siguiente: “Como funcionario público, ¿considera que ha cometido errores durante su gestión? En todo caso, ¿se arrepiente de alguno de esos errores cometidos?”.
Al momento de contestar esa pregunta sentí que el candidato Reynaldo Escobar se quitaba la careta, la colocaba a un lado de la mesa y nos dejaba ver al sujeto que siempre ha sido. Primero preguntó para qué medios escribía. Orgulloso señalé que para los periódicos Newsver y Milenio. Entonces dijo: “No me arrepiento de ningún acto de mi vida. No creo haber cometido ningún error, porque los errores se cometen cuando están en contra de tus convicciones”. En el mismo tono arrogante y prepotente explicó que no está en contra de los periodistas, pero sí está en contra de los pasquineros, de los que le andan pidiendo dinero o chantajeando por no publicar ciertas notas; de los que escriben en contra de alguien y no dan la cara. Y olvidándose que es propietario del periódico Tinta jarocha se fue sobre los pasquines que se andan regalando por la calle en cada esquina. Más adelante, refiriéndose al periódico Newsver, acusó con ligereza que su director, Orlando García Ortiz, siente un odio contra él que no logra comprender, sobre todo porque dice haberlo ayudado en su licenciatura. Y regresando a los pasquineros señaló que está en contra de los que se meten en la vida privada de los demás. “Los he denunciado y mis denuncias han sido fundadas”, agregó. Para terminar, en una actitud de perdona vidas señaló que ha sido demasiado tolerante con ellos y que muchos de esos, a los que él llama pasquineros, no están en la cárcel porque él ha desistido de sus denuncias. Al terminar sólo dos de sus acompañantes aplaudieron, él los miró con benevolencia y les dio las gracias.
El formato de la reunión no permitía rebatir al candidato. Apenas pude balbucear dos aclaraciones. Le dije que mi pluma no estaba supeditada a lo que pensara Orlando García Ortiz y le aseguré que nunca le he solicitado dinero ni a él ni a sus ayudantes.
A riesgo de que el señor candidato tome medidas legales en mi contra (está en su derecho) o medidas ilegales también (está en su naturaleza), me gustaría precisarle algunas cosas.
El señor Reynaldo Escobar, a pesar de ser dueño de un periódico, ignora quién es quién en el periodismo veracruzano, y no lo digo por un servidor de quien no va a encontrar ninguna acusación por extorsión, chantaje o va a escuchar comentario alguno de que ando pidiendo chayote acá o allá, sino por los columnistas y colaboradores del periódico Newsver, al que comparó con los pasquines en los que por cierto anda publicitando su campaña.
En Newsver escriben y colaboran periodistas de la talla de Emilio Cárdenas Escobosa, Alfredo Bielma, Hipólito Cuevas (miembros de Otero Ciudadano por cierto), Manuel Rosete Chávez, Magno Garcimarrero, Benjamín Garcimarrero, Nicanor Juanz, Marcos Cruz, Sergio Villa y Miguel Vargas, entre otros. ¿Debemos entonces suponer que si el candidato Reynaldo Escobar considera pasquín al periódico Newsver, todos estos colaboradores son pasquineros?
Por otro lado, un servidor, Armando Ortiz, maestro de periodismo en la universidad IVES de la que es rector Carlos Luna, presidente de Otero Ciudadano, escribe la columna Viernes Contemporáneo que se publica además en los portales Gobernantes.com y Crónica del Poder, y todos los artículos que he publicado siempre han ido firmados, anexando mi correo electrónico para cualquier comentario. Añado, un servidor, Armando Ortiz, licenciado en letras, con ocho libros publicados, promotor cultural, nunca ha recibido dinero o regalos por publicar o no publicar algún artículo; nunca se lo he solicitado a usted, señor candidato y por eso tampoco acepté la bolsita barata y el paraguas que a la entrada del restaurante San Carlos me ofrecieron sus ayudantes.
Todo esto lo puede corroborar con Miguel Cabrera Gordillo, colaborador suyo, con quien compartí muchas veces mesa junto con el fallecido Roberto Williams, Rafael Arias, Enrique Olivera y Rafael Junquera en La Estancia de Los Tecajetes; él puede ponerlo al tanto de mi trayectoria como escritor y periodista, pues incluso participamos juntos en el proyecto de la revista Serpentario.
A final de cuentas todo sirvió para algo. Reynaldo Escobar dejó de simular, dejó de sentirse el candidato del pueblo, dejó de pretender ser una persona sin mácula y se mostró tal cual es; un político prepotente, arrogante, que no reconoce sus errores, porque quizá en su esencia esté seguro de no cometerlos.
Por mi parte yo si debo reconocer que cometí un error. No debí enfrentar a Reynaldo Escobar, pues por la manera agresiva como respondió a mis cuestionamientos, de ahora en adelante tendré que volver a vivir con miedo; como en sus tiempos de procurador.
Armando Ortiz
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