La política exterior de México y la doctrina “es-transa”

La política exterior de México y la doctrina “es-transa”

 

José Antonio Meade Kuribreña

Misterios de diván: en un mundo multipolar, los encargados de la política exterior mexicana son ¡bipolares!

Resulta más que incomprensible el doble rasero que utiliza la administración del presidente Peña Nieto para enfrentar los fenómenos globales de nuestros días.

Por un lado, en la parafernalia propagandística que se impulsó para “legitimar” la reforma energética, se dijo que la nacionalización del petróleo en la época del presidente Cárdenas (1938), ya no respondía a la dinámica internacional de nuestros días.

Por el otro, cuando de asumir una posición firme ante la violación de los derechos humanos en otras naciones, se evoca la Doctrina Estrada, que fue diseñada justo al principio de la década de los treinta del siglo XX y que palabras más, palabras menos, tiene que ver con la no intervención en los asuntos internos de otra nación, así estén asolando a la población.

La mencionada doctrina fue propuesta por el otrora canciller Gerardo Estrada en 1930, como una respuesta a la doctrina Tobar, misma que promovía negar el reconocimiento a los gobiernos de facto surgidos en América Latina, lo cual era una delicia para el grotesco intervencionismo norteamericano lo cual la justificó a cabalidad. Sin embargo, ateniéndonos a la visión peñista, el contexto ha cambiado radicalmente.

Esto de los principios de política exterior, es similar a la reforma que dio pie al surgimiento de los legisladores plurinominales para dar representación a las expresiones ciudadanas minoritarias, no obstante, la idea acabó siendo un recurso para que los partidos mayoritarios acomodaran a sus cuadros desempleados, técnicamente, se desvirtúo el origen del concepto.

Así pasa con la citada Doctrina Estrada, recurrida y falseada por la SRE, que ante la falta de una respuesta certera ante la evolución geopolítica mundial, prefiere “cerrar los ojos”. Eso sí, cuando las cosas vienen a su favor, suele invocar un cambio en las circunstancias, como quien dice, se convierte en la doctrina es-transa, porque es una simulación.

Solo para documentar la inacción de México en el tema venezolano, por citar un ejemplo, preguntamos ¿por qué el gobierno de Peña Nieto solicitó la cooperación de la CIDH en el caso de los 43 normalistas desaparecidos de Ayotzinapa y a su vez se niega a recibir a los opositores de la cono sureña nación?, por donde se le vea, es un despropósito.

Por ello el reclamo del opositor venezolano Henrique Capriles, quien acusa a Peña, con toda razón, de renunciar a tomar el liderazgo de la región. Esto aclara por qué el Vaticano fue el intermediario para que Cuba y EU estén en camino de normalizar sus relaciones, cuando la historia indica que era a nuestro país a quien correspondía dicha conciliación.

La aplicación de la falaz doctrina es-transa, es el resultado de improvisar cancilleres, que lo mismo son titulares de la SEDESOL que de la SECTUR. Qué caro sale que nuestros gobernantes no entiendan que la política exterior es algo fundamental como para dejarla en manos de jóvenes con buenas calificaciones en la escuela y doctorados al por mayor.

Eso sí, el presidente Peña ignora a la región en la que estamos insertados, para en París llamar a crear un frente global contra el terrorismo. Que grandilocuencia, luego porque pasa…lo que pasa…¿recuerdan los atentados a los trenes de Cercanías en Madrid?

Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Twitter: @javieroldan

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