La historia oficial, una galería de autorretratos y espejos

La historia oficial, una galería de autorretratos y espejos

 

A propósito de la crítica realizada en la pasada columna, al hecho de que el alcalde de Orizaba, Veracruz, Juan Manuel Diez Francos, haya mandado erigir, el pasado martes, una estatua en honor del dictador Porfirio Díaz, el usuario de twitter  @bandagastrica (doctor Arturo Rodríguez), haciendo gala de la horizontalidad de dicha red social y de su derecho de réplica, comentó: ¿Que no existía el derecho de pernada cuando Juárez? O había otro México entonces?

Desde luego el mencionado usuario (suponemos), debe estar aludiendo a la cuestión de que el presidente indígena es homenajeado con monumentos y poniendo su nombre a cuanta instalación pública se construya, es un héroe fundamental, sin duda, de la historia oficial. Quizá, el doctor Rodríguez no lo considere así.

No entraremos en el debate de si Benito Juárez es mejor o peor que su paisano Porfirio Díaz, lo dejamos a la ponderación de cada quien y solo diremos: por sus obras los conoceréis.

Sin embargo, es interesante hacer algunas reflexiones en torno a la réplica del tuitero.

En efecto, la “historia oficial”, la que “dictan” los hombres del poder, es una interpretación caprichosa de la evolución civilizatoria y buscan reflejar sus aspiraciones y sus frustraciones en las mujeres y hombres que marcaron algún hito durante su vida.

Dicha historia oficial es una construcción romántica, en la que un niño, haciendo gala de una heroicidad aquilea, se envuelve en una bandera nacional para arrojarse por un agreste monte o, un indígena con fuerza hercúlea, carga una loza sobre su espalda, para poder evitar el fuego enemigo y prende fuego a la puerta de una guarnición enemiga.

En sentido estricto, los más serios historiadores niegan la existencia de ambos hechos, pero a pesar de ello, es difícil reescribir los libros de texto gratuito para borrar dichas versiones, por lo tanto, se constituyen en un mito.

Grotescas las estatuas de charro con la imagen de López Portillo, las colonias populares llamadas Luis Echeverría y los hospitales infantiles con el nombre de la Primera Dama en funciones, cual Tad Mahal  región cuatro. De la estatua en honor de Vicente Fox en Boca de Río, ni hablamos.

En efecto, hay que hacer una revisión, que aspire a ser objetiva, del inventario de monumentos y de la nomenclatura de calles e instalaciones públicas.

Si damos un sentido, en el que honremos la verdad y dejemos a un lado las filias y fobias, podremos aspirar a un mejor futuro.

Javier Roldán Dávila Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

Twitter: @javieroldan

Las ideas y opiniones aquí expresadas son responsabilidad exclusiva del autor y no necesariamente reflejan el punto de vista o la línea editorial de Informaver y Arcadeleer. Respetamos y defendemos el derecho a la libre expresión.

Salud

Más Artículos